¿Sabemos realmente quién fue Salvador Allende?
Los homenajes por el centenario del nacimiento de nuestro gobernante mártir, muerto trágicamente en el bombardeado Palacio de la Moneda en Santiago hace 35 años, desbordaron nuestras fronteras. Y es que la admiración por el primer Presidente socialista elegido por las urnas se mantiene y crece con el tiempo.
En Chile tratamos de estar a la altura de las circunstancias. La Presidenta Michelle Bachelet presentó ayer en el Centro Cultural Palacio de La Moneda, parte importante de la colección del Museo de la Solidaridad Salvador Allende, conformada por obras de famosos artistas plásticos como Miró, Matta, Stella, Guayasamín, donados por ellos mismos en los 70, en señal de apoyo a su gobierno y su política cultural.
Al mediodía, frente a La Moneda, y junto a la estatua de Allende que se yergue a su costado izquierdo en la Plaza de la Constitución, se realizó un acto masivo de homenaje convocado por la Concertación de Partidos por la Democracia más el Partido Comunista, que fuera brazo importante de la Unidad Popular. Un representante de cada partido político de la coalición de gobierno y del PC, debía pronunciar unas palabras. Sin embargo, las únicas que pudimos escuchar fueron las del Secretario General de este último, Guillermo Teiller. Los demás fueron abucheados, comenzando por el representante de la Democracia Cristiana, Claudio Huepe (que fue uno de los 13 dirigentes de ese partido que rechazaron el golpe militar en 1973 desde un comienzo), y siguiendo con el casi dueño de casa, Camilo Escalona, presidente del Partido Socialista, la tienda de Allende. Así se arruinó, a mi juicio, una linda jornada.
Me molestó la poca tolerancia para escuchar a quienes piensan distinto, después de haber sufrido todos esa lacra durante los 17 años de dictadura. La mayoría de quienes abucheaban eran jóvenes descontentos con la gestión de la Concertación, inexpertos en ejercicio democrático. Pero había también izquierdistas viejos, pelados y canosos, y eso fue lo que más me desalentó. No aprendimos la lección. Es cierto, no tienen dónde canalizar su descontento porque debido al sistema electoral heredado – como tantas otras cosas- de la dictadura, hay un grupo de la izquierda excluido del Parlamento. Entonces, vociferan en la calle la no satisfacción de sus expectativas: pese a los avances en salud y en previsión social bajo el gobierno de Bachelet y a la disminución de la pobreza en estos últimos 18 años, la desigualdad y la exclusión persisten. Quieren más cambios y más rápidos. ¿Avanzar sin transar…?
Por la tarde, asisti a otra celebración en un local de tertulias donde se exhibió la película “Buscando a Allende”, del documentalista argentino Carlos Pronzato. “Fuimos demasiado exigentes con Salvador Allende”, reconoce ante la cámara un líder del MIR de entonces. “Avanzar sin transar” era la consigna que dividía a la Unidad Popular y, según algunos, una de las causas que nos llevó al despeñadero. Aunque sabemos que el Imperio comenzó a contraatacar ya en el período pre eleccionario, esa política tal vez precipitó el fatalmente escrito desenlace.
En “Buscando a Allende”, personeros del gobierno de la UP hacen una certera descripción de lo que significó el Presidente mártir y su programa, y las razones que tuvo el Imperio para derrocarlo en conjunto con la oligarquía y las Fuerzas Armada chilenas. Aquél no podía aceptar que otro país latino (después de Cuba) se saliera de la órbita capitalista y que dentro de las reglas de la democracia occidental hiciera una revolución nacionalizando la banca, el cobre (tesoro estratégico equivalente al petróleo de hoy) y acabando con el latifundio. Tales cambios, reflexionan hoy en el filme ex Ministros y asesores de Allende, no podían realizarse con sólo el 36 % de apoyo de los electores, aún cuando en las siguientes elecciones parlamentarias se haya subido a casi 44 %. “Hay que gobernar con las mayorías”, recuerda constantemente Michelle Bachelet, nuestra actual Presidenta socialista.
Lo que sus enemigos nunca imaginaron fue que Salvador Allende, el “pijecito ese”, preocupado de la pinta y coqueto con las mujeres, era de verdad un revolucionario dispuesto a dar la vida por el cambio social. Casi como el Che.
Los chilenos no hemos aquilatado bien aún a Allende, una figura mundial al nivel de la Mistral o de Neruda ciertamente. Sin embargo, no hay calles importantes en el país que lleven su nombre. No hay una canción popular que lo evoque. Si ni siquiera sabemos con certeza dónde nació. Justamente, ese es el novedoso hilo conductor del documental “Buscando a Allende”: el realizador argentino descubre sorprendido que en ningún folleto de turismo sobre Valparaíso aparece la casa donde nació Salvador Allende, así como se reseñan La Sebastiana u otros sitios de interés cultural o histórico. Su cámara se pasea por los rostros perplejos de porteños del Cerro Barón, Las Monjas o Concepción, que confiesan ignorar dónde está esa residencia. Pero si hasta en la Fundación que lleva su nombre tienen una confusión con sus papeles: unos dicen que nació en Santiago y otros, que en Valparaíso.
Salvador Allende Gossens, en el centenario de tu nacimiento, ¿quién fuiste realmente?
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Lidia Baltra
Periodista