5 de junio, ¿día de qué?
Ya estamos acostumbrados a las conmemoraciones de días internacionales, mundiales, europeos. Por eso, el Día Mundial del Medio Ambiente, el 5 de junio, ha pasado casi sin pena ni gloria, más allá de los actos conmemorativos oficiales y algún que otro acto reivindicativo. Sin embargo, vivimos este Día Mundial del Medio Ambiente en un momento de crisis económica, entre cuyos componentes no es ni mucho menos pequeño el problema energético y la subida disparatada de los precios del petróleo.
Si el mundo parece cada vez más inviable desde la perspectiva de un alto y generalizado consumo energético, el caso de Madrid es paradigmático. Madrid se traga la energía como un sumidero o un agujero negro, sin generar prácticamente nada de la energía que consume.
La huella ecológica de Madrid ha alcanzado 40 veces el tamaño de su territorio. Quiere decir que haría falta una cantidad de territorio 40 veces el de la Comunidad de Madrid para satisfacer el actual consumo de recursos de la población que vive en Madrid y para poder asimilar los desechos y contaminación que produce nuestra actividad humana.
El 5 de junio, o cualquier otro día, es buen momento para dejar de inaugurar y empezar a trabajar. Se ha inaugurado una estrategia del Gobierno Regional sobre calidad del aire y cambio climático, que ha sufrido ya varios bautizos y que dice lo mucho que hay que hacer, sin decirnos quién lo hará, cuándo y con qué recursos. Los modelos de transporte, carreteras, mayor suficiencia energética, centrales térmicas, emisiones de gases de efecto invernadero, van por otro lado, a golpe de inauguración y ocurrencia.
Estamos perdiendo un tren también muy importante para el empleo. Baste recordar que cumplir los compromisos medioambientales contraídos por la Unión Europea podría generar en España cerca de 188.000 empleos directos o indirectos.
No se pude pasar por el Día Mundial del Medio Ambiente sin recordar que la incapacidad para aprobar un plan de estrategia territorial para Madrid está impidiendo proteger la Sierra de Guadarrama. La presión urbanística sobre la Sierra está ganando la batalla. El Plan de Ordenación de Recursos Naturales no se termina nunca de aprobar. Se torea al Defensor del Pueblo y se aleja cada vez más el horizonte de contar con un parque nacional. Algo no menos grave sucede en otros espacios naturales como el Parque Natural del Sureste o las cuencas fluviales que recorren Madrid.
Madrid crece a golpe de carreteras. Primero la obra y luego el impacto ambiental. A la cabeza de kilómetros de autovía por habitante en una región de alta densidad, sería muy útil contar con infraestructuras pensadas en función de necesidades reales y no sólo de otros intereses, que terminan por no atender el transporte público a los centros de trabajo. Madrid necesita una ley de movilidad al servicio de una estrategia territorial.
Este año llueve pero qué pasará en 2009. El amor al golf de la presidenta no debe conducirla a alimentar el sueño de contar con el doble de campos actuales. El agua debe seguir siendo una preocupación permanente de toda Administración, pero Madrid sigue careciendo de instituciones, agencia o entidad pública que se encargue de la gestión de un bien imprescindible y escaso. El prometido pacto social por el agua, que comprometió Esperanza Aguirre en la Asamblea de Madrid duerme en el limbo de las inauguraciones de las que nunca más se supo.
Madrid es pequeña, pero con seis millones de personas. Los muchos coches y un potente sector comercial o industrial comprometen la calida del aire, la gestión de los residuos, la planificación de las necesidades energéticas.
Reforzar las instituciones es un instrumento esencial para afrontar el reto medioambiental, pero instituciones como el Consejo de Medio Ambiente, la Fundación de la Energía o los órganos rectores de los espacios naturales protegidos son opacos a la participación de los trabajadores y mortecinos en su funcionamiento.
Este año, en el Día Mundial del Medio Ambiente, seguro que nuestros gobernantes han inaugurado alguna exposición y algún político de turno andará anunciando a quien quiera prestarle atención que Madrid es campeón de Europa en protección medioambiental.
Lo cierto es que hay mucho camino por andar. Mucho esfuerzo que compartir. Mucho diálogo que propiciar. Mucha participación que asegurar y mucha, mucha, voluntad política para que este agujero negro que es Madrid comience a percibir que su actividad económica y su vida cotidiana son sostenibles en el tiempo. El medio ambiente es algo más que la guinda verde que adorna el pastel de un programa electoral. Para los trabajadores, nuestro empleo y nuestra calidad de vida se juegan también en la política medioambiental y ésa se realiza cada día, aunque ese día no sea el mundial del medio ambiente.
Francisco Javier López Martín
Secretario general CCOO Madrid.