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Las víctimas del transporte

Las víctimas del transporte

Naturalmente, el Gobierno, con o sin permiso de la Conferencia Episcopal, puede decir misa. Lo mismo que pueden/deben hacer las patronales de los transportistas en huelga. Aquí ya hay unas víctimas consuetudinarias: los usuarios, los consumidores, los ciudadanos, los paganos –y por partida doble, cuando no triple—de cualquier subida, por pequeña que sea, del precio del combustible.

La madre/madrastra del cordero es la golosa (para el Estado, se entiende) rentabilidad fiscal que grava los carburantes. Estos, el alcohol y el tabaco, agrupados en lo que se llama Impuestos Especiales, son la alegría de la huerta recaudatoria. Al Tesoro Público cada día le entra, con la misma frescura de una hogaza de pan recién horneada, una considerable cantidad de dineros por esta vía. Petroleras y distribuidores pagan a tocateja, pagan cash. Y Hacienda, encantada y sin el habitual (al menos lo era antes) descuento del 2% por pronto pago.
"El aumento de los costes va a tener que rematar en la subida de los precios de los productos"


Dicen, y el cronista se teme que dicen mal, que hay sectores (el agrícola, el pesquero, el del transporte marítimo) que adquieren el gasóleo a precio subvencionado. No exactamente. Existe una dualidad de precios, como en el destinado a las calefacciones. Es decir, de subvención, nada de nada. Digamos que el gasóleo destinado a estos menesteres tiene menor fiscalidad. En cambio, el consumidor normal, el particular, el que necesita llenar los depósitos de su(s) vehículo(s) y de su sistema calefactor, pecha con un precio por litro casi como si de champagne se tratara.

"El aumento de los costes va a tener que rematar en la subida de los precios de los productos"

¿Alguien pretende que este Gobierno como cualquiera de los anteriores que ha tenido España hasta la invención del motor de explosión renuncie a esta rápida vía recaudatoria? No se hizo antes y no lo hará, ahora, José Luis Rodríguez Zapatero con la subida del crudo petrolífero y la correspondiente cadena de sucesivos aumentos fiscales en todo su proceso de producción, distribución y consumo. Al Ministerio de Economía y Hacienda no le cuadrarían los números. Porque ellos no han echado las cuentas de la lechera, sino las más tangibles de la petrolera.


" De una forma o de otra, el aumento de los costes va a tener que rematar en la subida "
¿Solución? Hay varias y todas tan malas como el mareo de la perdiz que, en este momento, se gastan en La Moncloa. Ciertamente, el sector del transporte por carretera no puede ser el único pagano de la política económica del Gobierno. Un gran porcentaje de los camiones que circulan por España son propiedad de autopatronos, de por sí ya ahogados mensualmente, a los que se les estrangula con la subida del gasóleo. De una forma o de otra, el aumento de los costes va a tener que rematar en la subida (témese el columnista que bastante incontrolada) de los precios de los productos. Por desgracia, no queda más remedio. Eso, por un lado.

    Por el otro, tampoco estaría de más que el ciudadano particular, el consumidor que va a soportar la subida de precios, empiece a restringir el consumo. En primer lugar, el de productos petrolíferos. Y también el suntuario o menos imprescindible. Que el transporte público, al menos en las grandes áreas urbanas españolas, está para algo. Y que las petroleras rebajen sus tarifas, que nos han sangrado inmediatamente (y ya les hubiese gustado, como le gustaría a la Hacienda pública --no demos ideas--, hacerlo con efectos retroactivos) cada vez que, pese a tener los depósitos de las refinerías con suficientes reservas, se ha disparado el precio del barril Brent…

    No deja de ser un desiderátum, casi el sueño –o pesadilla, vayan ustedes a saber—de una noche primaveral. El Gobierno, este Gobierno, se ha metido él solito en un carajal energético del que ni quiere, ni sabe y, desgraciadamente, ni debería salir. Desde el preciso momento que la socialdemocracia apostó por el mercado puro y duro, el corolario es que todos de rodillas ante el becerro de oro del petróleo. De rodillas y con el culo en pompa.
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