OPINIÓN/Víctor Gijón
El presidente del PP cántabro, Ignacio Diego afirma que cundo cese “el ruido de las interferencias” su partido volverá a tener la misma voz clara, fuere y unida en la defensa de España y de la Constitución.
De lo que podría inferirse que los que interfieren no quieren que esa voz prístina se escuche. Pues que se lo diga a los suyos. A los militantes y medios de comunicación de su cuerda. Porque el ruido no tiene origen externo sino que surge de su propio entorno. Lo sorprendente es que con lo que tiene en casa, Diego ande revolviendo en gallinero ajeno, por ejemplo en el PSC-PSOE.
Lo primero que hay que constatar como elemento nodal del escenario político regional es que Diego, lo cual es decir el PP cántabro al menos hasta el próximo congreso regional, ya ha decido a quien apoyar. Mariano Rajoy puede estar tranquilo con la organización del PP en Cantabria. Aunque el discurso del presidente regional no sea precisamente el que está de moda en estos días en Génova --Diego sigue anclado en el pasado de Acebes-Zaplana-- no hay duda de que sus votos irán a parar a la candidatura del actual presidente del partido a nivel nacional.
Ahora bien, lo que pueda ocurrir en el Congreso regional aún no está escrito. Nadie en el PP pone la mano en el fuego porque la victoria de Rajoy en el Congreso de Valencia vaya a poner fin a la campaña de acoso y derribo iniciada por sectores del partido y que cuenta con importantes altavoces mediáticos. Las disidencias públicas de algunos cualificados militantes populares cántabros, como el ex concejal de Santander, Javier Doménech, que este domingo escribe un durísimo artículo contra Rajoy y los suyos –indirectamente también contra Diego, pero al que ningunea y ni siquiera cita por su nombre-- pueden buscar la forma de sustanciase en el Congreso regional del PP que seguirá al conclave nacional.
Pero volvamos al ruido y a las interferencias a las que se refería en Valladolid el popular Diego. Éste no se atrevió a poner nombre y apellidos a los ruidosos y metetes, cosa que si hicieron otros dirigentes populares. A estas alturas de la batalla interna en el PP nadie duda de que gran parte del conflicto está sustentado, cuando no alimentado, por los medios de comunicación que furon afectos y aduladores de Rajoy hasta un minuto antes de conocerse que había vuelto a perder las elecciones. El Mundo y la COPE tienen desde el 9-M muy claro el objetivo: cambiar al actual presidente del PP al que consideran incapaz de ganar las elecciones a Zapatero.
Pero Diego no lo tiene fácil para poner en su sitio a ambos medios que en Cantabria son los que mas juego le dan, sobre todo en la operaciones de guerra sucia contra el Gobierno. La COPE hace mucho tiempo que perdió cualquier neutralidad. La radio de los obispos se encuentra alineada, está en su derecho, con el PP local, como a nivel nacional lo hizo con Rajoy hasta las elecciones. La contradicción es que mientras en los informativos nacionales de Federico Jiménez Losantos o César Vidal se da estopa a Rajoy sin misericordia –menos mal que es una radio católica--, en Cantabria Diego sigue teniendo bula.
En el caso de El Mundo, cuya edición para Cantabria vio la luz dos semanas antes de las elecciones, no es que Diego y los suyos obtengan buen trato, es que son ellos quienes deciden cómo, cuándo y qué se publica. Al portavoz del Grupo Popular y presidente de la Obra Social de Caja Cantabria. Francisco Rodríguez Argüeso, se le ve un lunes si otro también por la sede del periódico. De visita, digo yo. El Mundo entró en Cantabria porque al PP le parecía que El Diario Montañés no se implicaba suficientemente en sus campañas contra el Gobierno. A la vista de algunas cosas publicadas por El Mundo uno entiende las reservas del periódico conservador de Vocento y la ansias del PP local por tener un medio de comunicación más manejable.
El Mundo lo presentó en Cantabria, ante la plana mayor y la militancia del PP, el director y fundador del rotativo Pedro J. Ramírez. Fue un mitin de campaña en toda regla, donde el periodista no tuvo reparo alguno en pedir el voto para Rajoy, entonces todavía por estrellarse en las urnas, al tiempo que acusaba al ex presidente socialista Felipe González de asesino. Desde ese momento no ha pasado un sólo día sin que en las páginas del rotativo se ofreciera carnaza contra el Gobierno de coalición socialista-regionalista, cuya ruptura es el objetivo principal en la estrategia popular político-mediática para recuperar el poder en Cantabria.
Pero de un tiempo acá los ataques al gobierno de coalición pierden pese, al menos en la edición nacional, frente a los ataques a Rajoy y sin que ello provoque la protesta del PP cántabro. Así, sólo ante la instancia de algunos medios de comunicación, Diego rompió el silencio para salir en defensa de José María Lasalle, parlamentario por Cantabria y mano derecha de Rajoy, atacado, incluso personalmente, por la COPE y El Mundo. Las palabras de Diego pasaron desapercibidas para ambos medios.
El silencio de Diego en defensa de sus compañeros de partido atacados poro los medios afines contrasta con la utilización de estos para meterse en los asuntos internos del PSOE. Diego incluso ha tenido la indelicadeza de acudir en apoyo de una de las posibles candidatas socialistas a la secretaria general: la alcaldesa de Torrelavega, Blanca Rosa Gómez Morante. No me parece mal que el dirigente del PP opine sobre las cuestiones internas de otra formación política que, al igual que la suya, influyen y mucho en la vida política regional. Pero que no se queje cuando le paguen con la misma moneda. De momento ningún dirigente socialista ha entrado a valorar el lío popular, a pesar de lo cual Diego insiste y se muestra osadamente imprudente.
Pero es que, además, el PP de Cantabria no se ha conformado con hablar del Congreso socialista, apoyando a una candidato o suponiendo que el debate interno afecta el Gobierno –una opinión, ninguna dato que lo avale--. Los populares están también utilizando El Mundo y la COPE para intentar influir en el debate socialista. En las últimas semanas los dirigentes críticos a la secretaria general y vicepresidenta del Gobierno, Lola Gorostiaga, caso de la ya citada Gómez Morante, de Jaime Blanco o Rosa Inés García Ortiz, han tenido amplios espacios informativos para darle cera a la actual dirigente máxima del partido. El otro medio conservador, El Diario Montañés, también hace sus pinitos críticos, pero con mucha más equidistancia, sin colocar todos los huevos en la misma cesta.
El Mundo y la COPE han logrado situar en primer plano el debate interno del PSC-PSOE, lo cual, con independencia de los argumentos esgrimidos por los protagonistas directos o por los articulistas e editorialistas, ha tenido el efecto positivo de motivar que la militancia socialista dé su opinión de forma directa, más allá de quienes la interpretan, desde el periodismo o desde posiciones internas. Quienes hace días se presentaban como únicos representantes de todo el partido en Santander (García Ortiz) o de una inmensa mayoría critica en Cantabria (Gómez Morante), sólo reúnen poco mas del 30% de los apoyos de las bases del PSC-PSOE, si tomamos como base el resultado de la elección de delegados al ‘Congresillo’.
Pero El Mundo ha traspasado algunas líneas rojas en su afán por entrometerse en el debate interno del PSC-PSOE. Junto a los ataques a Gorostiaga, a los dirigentes afines a la actual dirección y al encumbramiento de los críticos se ha llevado a cabo un intento de linchamiento de uno de los candidatos: el sindicalista, militante de Santander, Juan Guimerans. Un asunto judicial menor, con origen en su actividad profesional que no política, fue aireado intencionadamente por El Mundo, después de que Guimerans se negara a entrar en la ronda de exclusivas periodísticas y entrevistas antis. En definitiva Guimerans quiso aportar argumentos y no dar carnaza contra nadie, algo que los estrategas político-periodísticos no podían permitir.