El día en que un menor tutelado cumple 18 años supone un punto de inflexión en su vida, ya que de repente se ve obligado a ser totalmente autónomo. El programa Junco les prepara para ese trance a través del empleo.
La mayor parte de los jóvenes alcanzan la condición de adultos de forma paulatina: van aprendiendo a ser autónomos, a valerse por sí mismos, hasta que un día se emancipan y son capaces de gestionar su propia vida. Pero los menores tutelados por la Administración se ven obligados a ser completamente autónomos desde el mismo instante en el que cumplen los 18 años. Salen del centro y dicen adiós a educadores y tutores para ganarse la vida, buscar su propio hogar, gestionar sus gastos y encontrar su hueco en la sociedad.

"Si en ese momento no son capaces de desenvolverse en el mundo laboral, la calle nos gana la partida. Empiezan a marearse durante los seis primeros meses y se deterioran en los seis siguientes, hasta que resulta muy difícil recuperarlos", dice Alfredo López, gerente de Opción 3, que gestiona el programa Junco.
Esta iniciativa, dependiente del Instituto Madrileño del Menor y de la Familia, se ocupa de que los menores tengan un bagaje laboral cuando alcancen esa edad. Así, desde los 16 años, los chavales tutelados acuden al centro de Junco para buscar un empleo y aprender a elaborar un currículo o cómo comportarse en una entrevista, "algo que para nosotros es natural, pero que a los 18 supone todo un rito iniciático", dice López.

El centro no tiene puertas. Está concebido como un espacio abierto donde los chicos pueden entrar y salir y no se sienten juzgados cuando sufren un despido o abandonan un trabajo. Y esto ocurre a menudo: más de la mitad de los participantes ha tenido, al menos, dos contratos. Casi todos en oficios poco cualificados, como fontanero, camarero, dependienta u oficinista, porque su formación suele ser escasa y, además, los cursos formativos tienen una duración poco compatible con la necesidad imperiosa de tener un trabajo a los 18 años. Pero aquí se trata de adquirir experiencias, positivas y negativas, para que cuando tengan que valerse por ellos mismos sepan en qué sectores se desenvuelven mejor, cómo acceder a un empleo y qué es un jefe y un cliente.

La mayor parte de las empresas que colaboran con Junco son pymes. "Los pequeños empresarios están concienciados con los problemas de estos chicos porque saben bien lo que es empezar de cero siendo muy joven", apunta López. Por eso, cuando la relación entre el menor y su jefe funciona, "este actúa como un tutor 'in pectore' y se convierte en el referente del chaval, como un segundo 'padre'", añade.

No resulta raro que, aun cuando ya no esté tutelado, alguno de los chicos regrese, sin trabajo y sin ingresos, a empezar a buscar de nuevo. Es el caso de Flavio, que ya tiene 19 y, después de trabajar en la hostelería, busca un empleo "de lo que sea, excepto de eso". Le han despedido ya varias veces. "Es que me duermo por las mañanas", se justifica. Pero el tiempo apremia y el bolsillo, también, así que toca volver para echar un vistazo a las ofertas de empleo.