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El mayor conflicto que enfrentó el kichnerismo

El mayor conflicto que enfrentó el kichnerismo

El kirchnerismo en el poder tuvo tres acontecimientos internos que lo interpelaron: uno fue Blumberg con el tema de inseguridad ( el gobierno logró finalmente disolver esa reacción generalizada); la derrota electoral del  Gobernador Rovira en Misiones que aspiraba a la reelección indefinida ( no alcanzó afectar al electorado favorable al oficialismo en el país); y este conflicto con el campo aún sin resolver.  De los tres; este nos parece el de mayor trascendencia, porque involucra a un amplio sector social distribuido en casi todo el país. Además , los sectores medios rurales y de ciudades pequeñas, le dieron el triunfo a la actual presidenta en octubre del ´07, elección en las que perdió en las principales ciudades. 

La trascendencia está dada además por el hecho de que es la primera vez en estos casi cinco años en que se observa que el poder del gobierno, tan concentrado y tan blindado, ha perdido el nivel de fortaleza que mostraba.

Los Kirchner sienten que este conflicto tiene como último destino erosionar el poder que poseen. Es cierto que esta podría ser una de las consecuencias, y que hay sectores que lo desean, pero el gobierno podría haber evitado esta ofensiva. 

Este conflicto se inicia como una típica crisis capitalista en etapa de expansión, al incrementarse el excedente, la puja distributiva se hace más fuerte, y aparece el rol del Estado como árbitro. Pero, depende mucho de la deflagración del conflicto si en las naciones hay baja o alta calidad institucional.

Las políticas centrales del gobierno están orientadas a fortalecer las arcas del Estado Nacional (superavit fiscal y reservas), y  asegurar el consumo popular, aplicando políticas de subsidios, destinadas a los productores (gas-oil por ejemplo), o al consumo (leche). El instrumento de las retenciones que utiliza el gobierno fue usado en escala, según la variación de la rentabilidad de los ingresos.

Como las retenciones no se coparticipan esta es una contribución más favorable al centralismo que al federalismo, y pone a los gobernadores e intendentes como intermediarios frágiles en la controversia. Quedan expuestos ante su propio electorado.  Esto obliga a una mirada atenta al interior del justicialismo. Algunas voces más manifiestas y otras no explícitas que expresan su desacuerdo con el tratamiento del problema por parte del gobierno nacional. 

Desde hace años las organizaciones empresarias rurales que expresan a los sectores más privilegiados del campo (SRA), tomaron la delantera en este reclamo. Pero; se han sumado las otras organizaciones gremiales que nuclean a sectores medios y bajos.

El gobierno no logró ver, en primera instancia, la complejidad social del problema y recién lo consideró en los discursos previos a la negociación de CFK (donde se pone el énfasis sobre la segmentación del sector, distinguiendo a los  productores medianos y chacareros). Además, menospreció a los sectores urbanos ligados a la producción agropecuaria, como los comerciantes en pequeñas y medianas ciudades cuya actividad está ligada a como le vaya al campo.        

Al unificar socialmente al campo; el gobierno no discriminaba al adversario para debilitarlo, por el contrario, logró fortalecerlo.   Recién el 31 de marzo, el gobierno retoma la iniciativa  proponiendo nuevas medidas favorables para los pequeños productores.

El primer error fue de concepto, y el segundo fue mediático. La difusión del conflicto y sobre todo de los piquetes en la ruta provocaron en la opinión pública un rápido incremento de la polarización a favor del campo. La población veía que las imágenes de los productores en la ruta no respondía al perfil de un “oligarca”, ni la presencia física, ni el lenguaje se asimilaban a lo que el gobierno decía.  Además recién al final de marzo el gobierno empezó a explicar la controversia (la presidenta habló cuatro veces en una semana).

Es indudable, por otra parte, que varios canales de televisión de noticias, más allá de intereses, encontraban más noticias en la protesta rural que en el silencio del gobierno. El 26 de marzo un sondeo indicó que el 62% de la población apoyaba el reclamo del campo.
Hubo algunos logros tardíos de la comunicación oficial como la descripción del problema, el pedido de negociación, y la advertencia sobre la amenaza del desabastecimiento.      

Fue evidente que el desabastecimiento de alimentos a las ciudades constituyó  un límite para las organizaciones que lideran la protesta.

Con respecto a la versión kirchnerista más combativa expresada por el líder piquetero D´Elía, es importante recordar que la Argentina no está en una etapa prerrevolucionaria, ni es asimilable la experiencia venezolana. Esta línea es fuertemente rechazada por la clase media, que también es necesaria para ganar elecciones.

Este es el problema de todos los gobiernos progresistas de la región; como articular las reformas, afectando intereses sectoriales, sin perder el poder, y sin que los gobiernos en su disputa no provoquen temor en las clases medias para evitar que se desplacen hacia la centro-derecha.   

Es oportuno recordar también que si bien es cierto lo que el gobierno denuncia como concentración económica en el campo, debemos recordarle que esto no ocurre solo en la producción primaria; sino también, y es mayor aún, en la producción de alimentos, la exportación, y las principales ramas de la actividad industrial.

No hubo ni hay ninguna hipótesis  de crisis institucional. No hay ninguna duda, que muchos de los ruralistas; quisieran ver a los Kirchner derrotados, pero no tienen capacidad de acción posible para ello. Por lo tanto hablar de “golpe de Estado” no es verosímil para la sociedad.
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