Desde la noche del miércoles ex cooperativistas, entre llanto, gritos e insultos al presidente de la República, Evo Morales, velaron los restos mortales de José Ordoñez Ramos (55) y Eloy Mollinedo Jaita (62), quienes murieron brutalmente asesinados el pasado martes a manos de comunarios de Yunguma de la provincia Bolívar de Cochabamba y mineros del yacimiento del mismo nombre.
Señalaron al dirigente del Movimiento Al Socialismo y las cooperativas mineras Isaac Meneces, como el promotor de los ataques.
El lunes la Policía y la Fiscalía ya habían decomisado ocho fusiles de manos de los comunarios de Bolívar, los ex cooperativistas dieron a entender a la prensa que retenían a dos personas relacionadas familiarmente con un alto funcionario de la Prefectura de Oruro, a quienes descubrieron llevando más armas, dato que no fue reconocido pero tampoco descartado por la Policía.
El enfrentamiento se produjo al promediar las 15:00 de la tarde del martes 25, entre comunarios y mineros de Bolívar (Cochabamba) con los trabajadores de la mina Santa María (Oruro), cuando los primeros, armados con fusiles de guerra Fal calibre 7.62, Máuser 7.65 y algún tipo de arma de repetición aún no identificada (ametralladora), atacaron el campamento de los mineros.
El conflicto fue ocasionado por la posesión del yacimiento de estaño ubicado a más de 4.600 metros de altura, que se encuentra en el límite de las provincias Cercado y Pantaleón Dalence de Oruro, y Bolívar de Cochabamba. La mina Santa María es propiedad de la Sociedad Minera Centro (Somicen) que empleó a los ex cooperativistas.
Torturados
Ayer, se realizaron las autopsias de ley en el Hospital General, donde los exámenes forenses revelaron que las víctimas fueron torturadas antes de morir a consecuencia de traumatismos encéfalo craneanos, provocados por fuertes golpes, ya que Eloy Mollinedo fue encontrado con las manos atadas, mientras que José Ordoñez quedó con todo el rostro destrozado producto de un golpe con una picota.
Tomás Álvaro Achacollo, el herido más grave fue operado este jueves en la Clínica “Urme”, por presentar fracturas en el maxilar inferior y molar superior producto de una salvaje golpiza, según la información el director del nosocomio, Dr. Javier Heredia.
Achacollo de 61 años de edad, sobrevivió milagrosamente tras escapar de los atacantes, pasó la noche del martes y la madrugada del miércoles 26 de marzo refugiado en los cerros aledaños a la mina ante temperaturas bajo cero, “los campesinos me dieron por muerto y realmente pensé que iba a morir”, comentó horas antes de la intervención quirúrgica.
Otra historia de supervivencia fue la de Gladys Villca (25) quien presumiblemente fue abusada sexualmente y posteriormente liberada por sus captores.
“Me golpearon con una piedra en la cabeza y me quedé dormida, cuando me soltaron me escondí en el cerro hasta las 4:00 horas y después tuve que caminar hasta Japo para salvarme”, recordó la víctima visiblemente traumatizada.
Las demás personas tienen policontusiones y se recuperan favorablemente en la clínica Urme y el Hospital General de Oruro. Posiblemente los restos mortales de los fallecidos sean enterrados hoy en el Cementerio General de Oruro, aunque los ex cooperativistas mineros señalaron que no moverán los cuerpos del frontis de la Prefectura, hasta que no se haga justicia y se dé una sanción ejemplarizadora a los asesinos.
Dos marchas se produjeron en Oruro la pasada jornada, en diferentes horarios, una afín a la Prefectura que amenazó con desalojar el velorio de los dos mineros muertos de la Plaza Principal y otra de los afectados por el ataque, por lo cual la situación se tornó tensa ante la amenaza de enfrentamientos entre ambos bandos.
Vigilia
Quien se anima a llegar hasta el lugar, no puede disimular el temor y la tensión latente a cada momento, debido a la imperceptible y silenciosa presencia de los campesinos, quienes detrás de las colinas realizan una vigilia que en cualquier momento puede convertirse en una agresión, debido a que cuentan con armas de fuego de grueso calibre.
Platos y cubiertos al lado de un lavadero abierto y una gaseosa casi llena en un ventanal, dan una idea de lo rápida que fue la acción de desalojo por la fuerza y la rapidez con la que los asustados mineros junto a sus hijos tuvieron que huir hacia cerros vecinos y otro campamento semi abandonado en las cercanías. Las camas, roperos y otros muebles fueron sustraídos por los atacantes, al igual que un refrigerador que era utilizado por todos en la pequeña comunidad.
Mientras el campamento es resguardado desde lejos por los comunarios de Bolívar, en la Plaza Principal de Oruro, los mineros continúan velando a sus dos muertos y pidiendo justicia por el brutal hecho.