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Felipe se rajó

Felipe se rajó

Fidel Castro debe estar revolcándose loco de contento en su camastro de enfermo con la actuación de Felipe Calderón frente a la llegada de balseros cubanos a México.

En las peludas orejas del comandante retumba el eco de su discurso sobre la Ley de Ajuste Cubano. Esta vez salido del gramófono oficial del gobierno de Calderón, cuyos funcionarios repiten los mismos argumentos de Fidel para culpar a la política estadounidense por la oleada de cubanos que usan el territorio mexicano como puente hacia Estados Unidos.

La culpa de que la gente salga como sea de Cuba es de Washington y no de La Habana. Eso opina el fiscal general de México, Eduardo Medina Mora, quien considera la Ley de Ajuste como un incentivo al éxodo, sin importar la situación migratoria de los cubanos ni las vías o medios que emplean para la fuga.

No avalo el tráfico ilegal de seres humanos. Sostengo que resulta vergonzoso que un gobierno que se viste de demócrata y enarbola la bandera de los derechos humanos, como el de Felipe Calderón, dé la espalda a lo que pasa en Cuba.

Felipe Calderón condena las redadas contra mexicanos indocumentados y pide clemencia para los suyos en el norte, mientras su gobierno sirve de agente de patrulla fronteriza en el sur.

Por un lado, afirma que en Estados Unidos hay una suerte de carrera entre los precandidatos presidenciales para ver quién es el ''más bravucón, el más macho, el más antimexicano''. Por otro, deporta a balseros y rechaza cualquier posible contacto con la oposición de la isla, según adelantó ya su cancillería al anunciar un eventual viaje del presidente a Cuba.

¿Dónde radica la coherencia política?

Desde su primer presidente, Guadalupe Victoria, México ha sido refugio para los cubanos. Victoria dio albergue al poeta nacional cubano José María Heredia, condenado al exilio por el colonialismo español. Incluso hasta el dictador Porfirio Díaz contribuyó con su propio peculio a la causa de la independencia cubana. El dinero lo entregó al héroe José Martí, según se ha documentado.

El secretario privado de Benito Juárez fue Pedro de Santacilia, quien se casó con una de las hijas del benemérito de las Américas. El líder comunista Julio Antonio Mella fue a México, donde encontró la muerte a manos de los sicarios del dictador de turno en Cuba, Gerardo Machado. El propio Fidel Castro conspiró en México contra su antecesor Fulgencio Batista. Hasta el Che Guevara salió de Guatemala a México, huyendo del golpe de Estado contra Jacobo Arbenz en 1954.

Eso en cuanto a Cuba. Por lo demás, México ha dado amparo a refugiados de otras dictaduras, empezando por los republicanos españoles que huyeron del franquismo y fueron recibidos con los brazos abiertos por el gobierno del general Lázaro Cárdenas. También acogió a centenares de personas que fueron perseguidas por los nazis en Francia y otras partes de Europa. Y durante los años 70 dio cobijo a chilenos, argentinos y uruguayos, que escapaban de los regímenes militares del cono sur.

Con su actitud complaciente hacia La Habana, el gobierno de Calderón se aparta de la tradición mexicana de socorro a los refugiados. Se justifica con el argumento de que los balseros son exiliados económicos. Pero si en algún lugar del mundo no puede separarse la política de la economía es en Cuba. Felipe ha cedido al chantaje de la dictadura castrista, para tener supuestamente quieta a la oposición interna. ¿O acaso para distanciarse de Fox y aquel comes y te vas que le espetó a Castro en Monterrey?

Nada más incoherente que un mandatario de un partido, en este caso el PAN, ejecutando la política tradicional del partido rival, el PRI. El mismo que durante años ejerció en México lo que Mario Vargas Llosa llamó una dictadura perfecta. El PRI, que mantuvo una permanente política de complicidad con el régimen de La Habana. Cosas veredes, Felipe.

 

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