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Ya comenzó la veda electoral

La campaña cerró con más previsiones de triunfo de Cristina

La campaña cerró con más previsiones de triunfo de Cristina

La campaña para las elecciones presidenciales del domingo en Argentina cerró en medio de vaticinios ratificados de triunfo para la candidata oficialista, Cristina Fernández de Kirchner, con una batería de encuestas actualizadas que la ubican en la Casa Rosada ya en primera vuelta.
Por Hugo Muleiro
Arrinconada por esos números en los que dice desconfiar, la oposición hizo sus últimos esfuerzos por pasar a segunda vuelta, apelando a indecisos y, en algunos casos, con definiciones dramáticas como la del candidato derechista Ricardo López Murphy, quien habló de la campaña "más obscena" en la historia del país, por los gastos gubernamentales que juzgó desmedidos.

Si el triunfo el domingo de la senadora nacional y esposa del presidente Néstor Kirchner no representará una sorpresa, tampoco lo será que desde ese mismo día todas las fuerzas opositoras se enfrentarán a la tarea titánica de pensar una construcción que, al menos esta vez, parece condenada a fallar.

Las encuestas publicadas el viernes apenas si ponen en duda, y solo en un caso entre ocho, que Cristina Fernández gane en primera vuelta. La segunda candidata con más respaldo es Elisa Carrió, ex radical, al frente de una Coalición Cívica heterogénea y que no alcanzó a encontrar, en las reivindicaciones de un accionar más "ético", el vehículo con el cual conectarse con el electorado.

Argentina lleva un crecimiento de casi 50 por ciento en cuatro años. Los índices oficiales, aunque cuestionados por doquier, reflejan quizá desproporcionadamente lo que puede percibirse en las calles: hay menos pobreza y más empleo.

Contra las imágenes recientes de un país inerme, paralizado, a merced de unos pocos factores de poder internacional hace sólo siete años, con más de la mitad de la población sumida en la pobreza, eso parece bastante para millones de personas que no parecen dispuestas a tomar el riesgo de un cambio y que, sobre todo, parecen no haber recibido explicaciones suficientes sobre las características de ese cambio.

Esa evolución de los índices económicos se gestó con el candidato presidencial Roberto Lavagna en el Ministerio de Economía, primero con Eduardo Duhale en la presidencia y después con Néstor Kirchner. Lavagna, apoyado por uno de los sectores en que está fisurado el partido radical, tampoco tuvo el éxito esperado en la explicación de sus diferencias, qué es lo que lo alejó dramáticamente del presidente, qué es lo que está tan mal hecho como para que, desde 2005 -cuando dejó el cargo-, todo deba ser revisado.

Nada de esto pudo ser revertido en los últimos actos de campaña. Cristina Fernández cerró aferrada al discurso y modo de acción que la tiene como favorita desde hace varios meses.

La oposición no pudo elaborar ni corregir a tiempo, y llega al domingo sin siquiera concretar lo que fue dado con gran anuncio en algunos medios locales a mitad de esta semana, cuando parecía que se reunía para llevar su cuenta propia de los votos, como vigilancia del escrutinio oficial, en un intento por ponerlo bajo sospecha.
La posibilidad se escurrió como agua leve y dejó otra vez en evidencia una de las grandes ventajas con que cuenta el oficialismo: la oposición no puede ponerse de acuerdo siquiera para fiscalizar las acciones del gobierno
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