La educación en el libre mercado
En un panorama lamentable y paradojal se ha transformado, en los últimos años, el hecho de rendir la Prueba de Selección Universitaria (PSU). Muchos jóvenes ven truncado su sueño de estudiar, debido a que no tienen los medios como para poder costearlo. Y es que pese a la serie de becas y créditos universitarios existentes para los jóvenes pertenecientes a los estratos socioeconómicos más bajos del país, de igual manera se requiere de algún dinero extra. Si no es para cancelar parte de la beca, es para locomoción, alimento y, a veces, hasta alojamiento. O bien, para invertir en una larga lista de requerimientos, que van apareciendo con el tiempo.
Por otro lado, la postulación a una beca, por más bajo que sea el porcentaje de cobertura de la carrera universitaria, no digamos que es muy fácil de obtener. Hay que cumplir con una serie de requisitos, que son realmente altísimos. A modo de ejemplo, existen alrededor de 9 becas en el Ministerio de Educación, estableciéndose, en la mayoría de ellas, la siguiente cláusula: "Declarar que dadas sus condiciones socioeconómicas y las de su grupo familiar, necesita ayuda para el financiamiento de sus estudios".
En definitiva, si un alumno proviene de una familia de clase social media alta no puede optar a una beca que le financie en un 100% la carrera, por más que su puntaje sea de excelencia. Porque, obviamente, el ingreso familiar supera los 200 mil pesos, que irónicamente se considera un ingreso holgado. Y es aquí donde yo me pregunto: ¿acaso, no es factible que en los ahorros o inversiones de algunos padres, no estén contemplados los estudios de sus hijos?. ¿Por qué si el puntaje fue alto, quizá no nacional, pero sí alto, no puede estudiar la carrera de sus sueños? Sin duda, una triste realidad que miles de muchachos deben vivir cada año, puesto que se ven obligados a buscar un trabajo, a fin de reunir el capital.
Cabe mencionar que esta postergación obligada causa mora en el sistema, es decir retardo en la edad de recibirse y de irse del hogar, como también la tardía incorporación al mundo laboral. Por consiguiente, un costo social.
Por sólo citar un caso, me contaba un amigo el otro día, que por no tener el dinero necesario, no pudo estudiar Medicina en una universidad tradicional, donde había quedado. "Me debí postergar", me repetía a cada instante, pues pese a que le brindaron un porcentaje del costo a través del crédito, debía pagar el resto de la mensualidad. Una suma no despreciable de dinero, a la cual hay que agregar gastos anexos como matrícula, locomoción, alimentación y el instrumental que exige tal carrera. Hoy estudia Preparación Física en un Instituto del barrio universitario, y aunque parezca paradojal, hace clases a estudiantes de una institución estatal. Èstos, interesados en su sapiencia, reúnen el dinero necesario y le pagan, constantemente, por su enseñanza.
Obviamente, él pudo estudiar gracias a la beca "Juan Gómez Millas", la cual cubrirá toda su carrera. Por cierto, un hecho digno de destacar en estos días.
Creo que deberíamos poner más de nuestra parte y, como sociedad, hacer presión a las instituciones relacionadas con el tema. Estoy segura de que luchando por el sueño de nuestros jóvenes, lograremos la igualdad.
------
Karina Espinoza S.
Periodista
karinaespinozas@gmail.com