OPINIÓN/ Victor GIJÓN
La palabra más repetida en las últimas horas es la de “cambio” aplicada a Santander. Lo que en principio apareció como una oferta electoral, comienza a ser percibido por los ciudadanos como un proceso irreversible.
Un cambio que sólo puede venir de la mano de un cambio, valga la redundancia, de los gestores municipales. El agotamiento del proyecto del PP en Santander es tal que sus promesas para los próximos cuatro años incluyen todas las cosas que han dejado sin hacer, a pesar de haberlas prometido, en los últimos casi 30 años, que son los que lleva gobernando la derecha en al capital de Cantabria.
La mayor parte del programa electoral de los populares es copia del de hace cuatro, ocho, doce años… Es más, en un ejercicio de apropiación indebida que debería tener sanción, por supuesto que no penal pero si electoral, los populares asumen ahora propuestas rechazadas cuando las presentaba la oposición: Estatuto de Capitalidad, rehabilitación del Cabildo de Arriba, viviendas sociales, aulas de dos años, aparcamientos para residentes …
El PP pide el voto a los santanderinos para que les den la oportunidad de hacer no sólo lo que no han hecho en tres décadas, sino en la confianza de que harán todo aquello a los que se opusieron cuando fue defendido por sus rivales políticos.
Así las cosas el cambio no sólo es una opción sino una elemental medida de salubridad política. La derecha ya ha demostrado de lo que es capaz en Santander, ¿por qué no dar la oportunidad de gobernar la ciudad a la alternativa?
Porque lo que está claro es que si el PP no es capaz de aplicar ni su programa ni hacer realidad sus promesas electorales menos aún cuando se presenta con un programa copiado y promesas de otros. Por mucho que cambiando de candidato pretenda hacer ver que no hay pasado. Pero lo hay y está muy presente.