OPINION/ Victor Gijón
Legalidad y campaña electoral
Esta noche arranca la campaña electoral. Legalmente, porque en campaña llevamos ya meses, sino años. Casi desde el 14-M del 2004. Pero es esa legalidad la que puede y debe tener consecuencias inmediatas sobre algunos aspectos propagandísticos.
Existe amplia y variada jurisprudencia que avala la prohibición de inauguraciones y fastos propagandísticos varios incluso en la precampaña. Aún así con un canto en los dientes nos daríamos en esta Cantabria is different si se produce prohibiciones en época electoral.
La pretensión del PP en el Ayuntamiento de Santander de organizar diversos festejos con cargo al dinero de todos para hacerse propaganda partidista con el Parque de la Vaguada de Las Llamas es una provocación quwe raya la indecencia política.
El Diario Montañés, que lleva meses intentando arreglar los desaguisados de campaña del PP, dice que lo del parque es una apertura(?), no una inauguración. Pero para abrir las puertas no se necesita cortar cintas, formar comitiva oficial, hacerse la foto, tirar cohetes, poner luces de colores y, además, programar 60 actos a celebrar en los quince días que dura la campaña electoral.
Tengo para mí que estamos ante un desesperado intento del PP y su candidato, Iñigo de la Serna, por arrastrar unos votos que les salven del desastre --para el PP perder unas elecciones no forma parte del juego democrático, porque lo ve como una agresión, un robo de lo suyo…--.
Pero no es por votos, sino por ética, por decencia política, que alguien debería parar los pies a quienes confunden los dineros públicos con los intereses partidistas. Ya resulta insultante que la carpa de publicidad con los proyectos electorales del PP para Santander siga ocupando la principal plaza de la ciudad.
Una carpa que se paga a cargo del erario publico, pese a lo cual ningún partido de la oposición municipal ha puesto el grito en el cielo. El PP tiene todo el derecho a hacerse publicidad, con la jaima gigante o lanzando cohetes de ferias, pero con su dinero, no con el de los santanderinos que pagan religiosamente sus impuestos.
O con el dinero de los empresarios que voluntariamente ponen sus euros en anuncios para pagar una revista propagandística y electoralista en papel couché y a todo color. Allá cada cual con sus ‘inversiones’, pero fiestas partidistas con mi dinero no. ¿Y con el suyo?