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Sólo hay una línea en ETA

Sólo hay una línea en ETA

Fue allá nada menos que por 1979 que tres entonces jóvenes periodistas –¡lo que ha llovido!–, José Cavero, Fernando Ónega y el que firma estas líneas, pronto con la ayuda de otros aún más jóvenes y hoy en pleno éxito profesional, como Felipe Teruel, Antonio Sanjosé y Alberto Pozas, lanzamos un boletín diario, “Off The Record”, que en aquellos tiempos sin Internet se distribuía cada mañana por motoristas, en copias de multicopista, a los suscriptores, que llegaron a ser, entre directos e indirectos, casi tres mil. Aquel confidencial tuvo bastante éxito, porque las fuentes eran muy buenas.

De lo que, por sensatez o precaución, no publicamos en el boletín confidencial, guardo más de 14.000 folios de informaciones y datos especialmente sensibles, pero que, con el paso del tiempo, pueden y deben salir a la luz. Me he puesto a ordenar y escribir de manera sistemática todo aquello, sistematizado con lo que se publicó, y creo que pronto estará listo para publicar y contribuir a que se aprecie lo que fue, en valores humanos, aquella dura, compleja e ilusionada aventura colectiva de la reconciliación nacional y la transición, que ahora algunos –ya sea por torpeza, por cortedad intelectual o por mala entraña, que también– desean enterrar como el sueño de una noche de verano, en viaje de retorno hacia las “dos Españas” de la división incivil que entonces, entre todos, superamos.

 Viene lo anterior al caso de que una fuente excelente –es decir, que tiene todos los motivos para conocer de lo que habla– me asegura que no hay dos líneas de ETA, una dura y otra blanda o menos dura. Que la cohesión interna de ETA es completa y que las instrucciones para el atentado en el aeropuerto de Madrid-Barajas, como antes para la “kale borroka” y las extorsiones a empresarios, vienen de la misma línea de mando que negocia con el Gobierno. Según esta fuente, la bomba del aeropuerto es una advertencia a Rodríguez Zapatero de que ETA no está porque se incumplan o den largas a los pasos y plazos del “proceso”, en particular, al pleno reconocimiento legal de Batasuna y la apertura de compuertas hacia el reconocimiento del “derecho a decidir” del pueblo vasco. A decidir, por supuesto, sobre la autodeterminación.

 Sobre la información, la reflexión. Asúmanse estos tres datos –la unidad de ETA en una sola línea, el control de los pasos del “proceso” y la necesidad de que el mismo conduzca al derecho a la autodeterminación– y se verá cómo todo cobra una extraordinaria coherencia, incluso la necesidad de crear una situación que excluya al PP del proceso y por tanto desactive el pacto por las libertades y contra el terrorismo. 

 Es injusto, pero ahí esta la vieja advertencia de que “el que a hierro mata, a hierro muere”. Ya le gritan “asesino” a Rodríguez Zapatero en las calles. Naturalmente son otros distintos a los que él, o sus escuderos, animaron a que gritaran “asesino” a Aznar. Ni Rodríguez Zapatero es un asesino por el trágico error de su negociación con ETA, ni lo era Aznar por su error de ir más lejos de lo que le pedían en el apoyo a la invasión de Irak. Pero el hoy presidente del Gobierno debe ser consciente de que, si no asume las consecuencias del regreso de ETA a la acción terrorista expresa –eso que ellos llaman “la lucha armada”– y por el contrario, intenta refugiarse en unas imaginarias líneas “dura” y “blanda” de los terroristas, para mantener abierto un “proceso” que no se le ha ido de las manos porque nunca lo controló y siempre estuvo bajo el control de los etarras, ya no será posible justificarle.

Utilizando con terrible eficacia los resortes de un gobierno débil y extraviado, ETA ha conseguido que el nuevo año comience con una España dividida como antes de la reconciliación nacional y la transición política. Rodríguez Zapatero aún está a tiempo –pero lo queda muy poco– para llamar a Mariano Rajoy y a los líderes de los demás partidos del arco parlamentario y restablecer la unidad democrática mediante una renovación solemne del pacto por las libertades y contra el terrorismo. Me dice alguien muy importante –importante quiere decir “que importa”, dijo Julián Marías– que “si no lo hace, si por el contrario sigue jugando al aprendiz de brujo con un enemigo implacable e insaciable, serán los ciudadanos los que tendrán que hacer, de las urnas locales y autonómicas de mayo, un grito de salvación del Estado en peligro”. Sucederá lo que tenga que suceder, pero es necesario que todos estemos de acuerdo en que España, a pesar del 11-M, no es un muñeco de guiñol cuyos hilos pueda mover el terrorismo
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