Es positivo el reinicio del diálogo diplomático del Ecuador con Colombia con miras a restablecer las relaciones diplomáticas rotas entre los dos países tras el ataque militar colombiano el pasado 1.° de marzo a un campamento clandestino de las FARC en territorio ecuatoriano.
El canciller ecuatoriano se reunirá con el canciller de Colombia en Nueva York, en donde ambos participan de la conferencia de las Naciones Unidas sobre cambio climático. Es positivo que el diálogo sea directo. Solo si se mantuviera algún desacuerdo que no pueda resolverse en ese plano, quedaría abierta la posibilidad de mediación. La reunión extraordinaria de cancilleres de la OEA la encomendó al secretario general José Miguel Insulza y buscó en su momento asumirla también el Centro Carter.
Si se mantiene la voluntad política de los dos Gobiernos para restablecer las relaciones diplomáticas, será más fácil generar medidas de confianza recíproca a fin de cumplir ese objetivo.
No hay que olvidar que se produjo el rechazo de los presidentes del Grupo de Río y de los cancilleres de la OEA, a nombre de sus países, al ataque colombiano violatorio de la soberanía, y que se asumieron diversos compromisos mutuos. Ahora, conviene mirar sobre todo al futuro. En lo inmediato, existe una agenda común para la seguridad fronteriza: el compromiso de vigilar cada país la zona que le corresponde dentro de su territorio, el intercambio de información, la atención a las necesidades de la población en provincias y departamentos colindantes. Si no se regularizan las relaciones diplomáticas, tampoco existirá un horizonte favorable para desarrollar y fortalecer el comercio entre ambos países. Urge arbitrar medidas para equilibrar una balanza ahora en extremo desfavorable para el Ecuador.
Colombia tiene pendiente también la obligación que le compete con sus ciudadanos que han obtenido refugio o se han desplazado al Ecuador.