“Imponer” el catalán, para que sea realmente la lengua vehicular en la sociedad.
“Obligar” a que la usen los de dentro de Cataluña y los que vienen o han venido del “extranjero”, sean españoles o de otos países.
“Soslayar” o burlar lo que dice la Constitución a través de la aplicación del discutido nuevo Estatut de autonomía.
Son las tres expresiones y conceptos que se han propuesto y defendido, como necesarios
“para defender la lengua catalana”, en la tertulia más importante de la televisión oficial catalana, TV3, por un abogado-periodista y un periodista-político de notoriedad. Son de agradecer su sinceridad y claridad,
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condiciones básicas de una situación de libertad, pluralidad y democracia.
Este lenguaje desenmascara otros comportamientos, políticos y mediáticos, menos honestos y más hipócritas. También tiene la virtud de plantear las cosas de forma más meridiana. Y nos describe esta realidad:
- Que el catalán no es, socialmente, la lengua vehicular y de uso mayoritario en Cataluña. Está en una situación de debilidad y riesgo, que se denuncia reiteradamente.
- Que para que lo llegue a ser nuevamente, se quiere recurrir a la
“imposición”, a la
“obligación” y a
“soslayar” o burlar lo dispuesto en la Constitución mediante disposiciones que establece el nuevo Estatut, que hace tres años está estudiando el Tribunal Constitucional, cuya sentencia se teme por unos y otros.
- Que algunos tienen una idea patrimonial de Cataluña, anclada más en la nostalgia del pasado y la realidad del presente, que en la dinámica del futuro.
- Que desde esta posición, legítima pero subjetiva, se pretende cambiar las cosas, es decir, la sociedad catalana actual, por los medios coactivos que sean necesarios.
- Que este intento de cambio, a través del activismo coactivo, ignora al menos a una mitad de los habitantes de Cataluña, cuyos derechos no se respetarían, si se considera que Cataluña sólo es de unos y no de los otros: de los originarios y de pura sangre y no de los sobrevenidos recientemente o hace ya muchísimos años, muchísimos de ellos nacidos en esa comunidad.
- Que no siempre que se habla de
“defender el catalán” (lengua) se defiende a los catalanes (ciudadanos). No hay que confundir y quizás convendría establecer prioridades.
- Que todo esto nos lleva a la pregunta fundamental, que pocos se atreven a formular públicamente y menos a responder: ¿de quién es Cataluña?
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*Wifredo Espina es comentarista político y ex director del Centre d’Investigació de la Comunicació.