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------------------ La 'batalla de Madrid' ------------------

Si se odian, allá ellos. Pero en privado

Si se odian, allá ellos. Pero en privado

Hay mucha guasa en las filas socialistas con el enfrentamiento del alcalde Alberto Ruiz Gallardón con la presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, los dos “ases en la manga” del PP, según Mariano Rajoy, para regresar a La Moncloa. Tenemos dicho en este Canal Madrid que los odios intestinos entre ambos sólo pueden dañar al propio partido y ser nefastos para el líder de la oposición. Pero que perjudique a la Comunidad y a la capital de España es, simplemente, intolerable.

Es triste ver cómo el alcalde de la capital de España, el “extraordinario alcalde” (Rajoy dixit), no acude a la tumultuosa presentación de la ‘hagiografía’ de Aguirre (así llamamos nosotros a esta biografía autorizada), el pasado lunes, ni tampoco al también muy nutrido desayuno del Forum de Europa Press, el martes, actos ambos celebrados en menos de 24 horas en torno a la presidenta de la CAM, la “admirada” (por Rajoy) Aguirre.

Dos actos, y tres desplantes del alcalde de la capital de España hacia la presidenta de la Comunidad en tan escaso tiempo, si tenemos en cuenta las imágenes divulgadas por la edición digital de El País el pasado domingo por la tare-noche y en la mañana del lunes, en las que se ve cómo Gallardón pasa justo por detrás de Esperanza Aguirre sin ni siquiera mirarla, para saludar, muy efusivo, a su ‘jefe de filas’ y de partido, en otro acto político.

La Comunidad de Madrid se merece más que una presidenta prepotente y ofensora y un alcalde de la capital ofendido y rencoroso. Por muy buenas dotes de gestión que ambos tengan, su obligación primera es el servicio público a los madrileños. Para eso fueron elegidos por ellos para sus respectivos cargos. Para eso optan nuevamente a la reelección. Y sus querellas internas deben quedar relegadas en favor del interés ciudadano. Si ambos se ven perjudicados electoralmente por sus mutuas exhibiciones de rencor, allá ellos. Si el PP, y hasta Rajoy, se ven dañados, también peor para los populares, porque sólo ellos -y Rajoy, el primero- son responsables de no haber cortado de raíz este lamentable espectáculo. Pero lo intolerable es que por los rencores personales y el choque de sus ambiciones personales el interés público quede desatendido.



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