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La primavera árabe se traslada al verano

La primavera árabe se traslada al verano

La primavera árabe se traslada al verano. No por la climatología, sino a causa de los calendarios de las reformas prometidas por algunos países. Hoy por hoy resulta difícil predecir si el entusiasmo juvenil o la complacencia reformista de algunos estados sobrevivirán hasta la época estival. Monarquías y repúblicas han aprendido la lección de Túnez y Egipto, y Libia, Siria y Yemen, les ilustran sobre lo difícil que puede resultar para Occidente llevar a la práctica algunos principios hermosos como ayudar a los pueblos decidido  por la Asamblea General de la ONU de 2005 en la euforia de la proclamación de la prevención de conflictos y la confirmación de los ocho objetivos del Milenio aprobados en 2000. Para el verano la actitud de Occidente se habrá terminado de adaptar a la de los grandes países occidentales que como es tópico decir no tienen sentimientos sino intereses. Las dificultades del último Consejo de Seguridad de la ONU, de la última reunión en la Comisión Europea, y de la Agencia de la ONU para los Derechos Humanos en Ginebra, para adoptar un paquete eficaz de sanciones contra Siria recuerdan, y no solo por la oposición de China y Rusia, que los estados tienen intereses contradictorios. La trascendencia de las sanciones tampoco parece que sea mucha porque Cuba resiste desde hace 52 años a todas las que le impuso Estados Unidos. La revolución egipcia ha probado que  puede evolucionar contra los intereses globales en la región de Estados Unidos y la Unión Europea. Sea cual sea el cambio después del verano o del otoño en Egipto, las posibles nuevas élites intentarán adaptar  las relaciones con Israel al sentir de la opinión pública egipcia y árabe. También parece claro que el liderazgo tan favorable a Estados Unidos y Europa que ostentaba Egipto se verá cuestionado por nuevos actores como Turquía, o por un bloque más radical y más próximo a Irán que podría emerger si las acciones emprendidas contra Libia y Siria no tienen éxito. Siria no es Libia, ni Egipto, y después de haber sido corresponsal bastantes años en Oriente Medio sé que el régimen de Damasco era el más temido en toda la región. No solo su ejército está bien entrenado y equipado sino que además es el más politizado. Sus agencias de inteligencia son las únicas árabes equiparables al Mossad israelí, y el régimen, que se apoya en un único y monolítico partido Baas, proporciona una coherencia al establishment que otros países no tienen. Su influencia en la región es muy superior al peso específico de su población y de su economía y si la democracia ha esquivado a Siria no le ha impedido desempeñar un papel que según las circunstancias puede ser estabilizador o extraordinariamente desestabilizador. Pase lo que pase después del verano, los jóvenes árabes de las revueltas iniciadas a principios de enero de 2011 en Túnez, ya han logrado importantes resultados prácticos y otros inmateriales y simbólicos como colocar en primer plano de actualidad a las pésimas condiciones materiales de vida de la mayoría de los ciudadanos árabes, a las cleptocracias que les gobiernan,  y a los estados de derecho ausentes. Las reformas y cambios aceptados por algunos países han pasado ya por el tamiz de los diálogos internos con las fuerzas políticas tradicionales. La mayoría de ellas comenzarán a ser refrendadas o aplicadas a partir del verano según calendarios que varían de país a país. En Marruecos, ni las revueltas del 20 de febrero ni las manifestaciones de los domingos posteriores, han logrado trasladar la iniciativa política a la oposición o a la sociedad civil. Con su discurso del 9 de marzo el rey Mohamed VI recuperó la iniciativa y marcó el temario y la agenda de las reformas. Éstas giran sobre tres ejes principales: reforma de la Constitución, cuyo alcance tutela el propio rey; y regionalización avanzada cuya coordinación fue encomendada al exembajador en España, Omar Azziman, bajo la supervisión del rey. Por último está un paquete de reformas para garantizar la democracia, el estado de derecho, la justicia social, la igualdad real de género, y otros aspectos más volátiles que no dependen solo de la reforma de la Constitución y de las leyes que se aprueben para desarrollarla, sino de un cambio de mentalidades que no siempre va a diapasón con los cambios en el derecho. Jóvenes e intelectuales marroquíes han señalado a Mohamed VI la incompatibilidad de reinar y al mismo tiempo ser un hombre de negocios, el más importante de Marruecos, y el rey ha demostrado una cierta flexibilidad ante esa exigencia liquidando o traspasando algunos negocios que controla la familia real a través del Omnium Nord Africain e invirtiendo en obra social parte de los beneficios de su sociedad de inversiones. En Egipto ya fueron aprobadas unas reformas provisionales de la constitución que permitirán celebrar en septiembre una legislativas para elegir a una asamblea constituyente. La elección de nuevo presidente está supeditada a que se cumpla esta primera etapa para la cual el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, que tutela la transición, ha prometido levantar el estado de sitio, en vigor desde el asesinato del anterior presidente Anuar Sadat en 1981. El reciente atentado contra el gasoducto que une a Egipto con Israel no es un buen presagio en lo que concierne a las relaciones con Israel, que la mayor parte de los nuevos dirigentes afirman que van a cambiar. En Túnez, un paso de avance importante ha sido la decisión del gobierno de  imponer la paridad de género en las listas electorales de los partidos para las legislativas que deben tener lugar el 24 de julio próximo, de la que saldrá la asamblea constituyente que apruebe una nueva constitución, después de lo cual se elegirá al nuevo presidente de la república. De momento el gobierno provisional tunecino se queja de que algunos entienden la revolución a su manera y se niegan a pagar las facturas de la electricidad y otros servicios; de que una cierta inseguridad se apodera de las calles, y de que reaparecen presiones integristas del pasado sobre la mujer, el alcohol, y el monopolio del Islam. En Argelia, que celebrará el 50 aniversario de su independencia en 2012, las próximas legislativas deben tener lugar ese mismo año y nada por el momento hace pensar en un cambio del calendario. Queda la cuestión de la elección del presidente que algunos partidos han propuesto que se anticipe debido al estado de salud de Abdelazis Buteflika. El gobierno argelino conserva la iniciativa sobre las reformas constitucionales y otras que puede aplicar. Un general, Mohamed Medienne, jefe de la temible Direction du Renseignement et de la Sécurite se perfila ya como principal cabeza de turco en un eventual ajuste de cuentas de la sociedad con la cúpula militar que maneja los hilos del poder. Cuando sean aprobadas las reformas, cuando la democracia sea al menos formalmente un logro alcanzado en todo el mundo árabe, quedará todavía la cuestión importante de cómo mejorar el nivel de vida de los ciudadanos, cómo combatir la inflación, cómo lograr que las familias puedan echarle algo más a la cesta de la compra, y cómo proporcionar puestos de trabajo a los jóvenes y a los mayores desempleados. Quedará también por saber si se cumplirá aquel vaticinio pesimista de Napoleón I de que las revoluciones las hacen unos, y otros se benefician de ellas.
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