González Iñárritu, gran representante del nuevo cine mexicano
Eternamente bronceado, rebelde y de rizada melena oscura, Alejandro González Iñárritu se ha convertido en timonel de los destinos del cine mexicano en el panorama internacional con sus relatos sobre la dificultad de ser humano.
Biutiful, su cuarta película, le abre una vez más las puertas de los Oscar, por donde han pasado todos sus esfuerzos previos en el séptimo arte.
Al igual que su ópera prima, Amores perros (2000), compite en la categoría de Mejor Película de Habla no Inglesa y además su protagonista, el español Javier Bardem, es candidato al Oscar al mejor actor principal.
La fuerza de este cineasta nacido el 15 de agosto de 1963 en la capital mexicana radica en gran parte en la dirección de actores, como demostraron las nominaciones que tuvieron Benicio del Toro (mejor actor secundario) y Naomi Watts (mejor actriz principal) por sus actuaciones en 21 gramos, su segunda película.
Su tercer filme, Babel (2006) , le brindó siete nominaciones al Oscar, entre ellas la de Mejor Música, por la que fue premiado el compositor argentino Gustavo Santaolalla.
Ahora, regresa a los premios del cine más populares con su primera película sin el escritor Guillermo Arriaga, que fue su compañero en Amores perros, 21 gramos y Babel y con quien rompió la colaboración después de un agria disputa.
Establecido en Los Ángeles, lejos de su Ciudad de México natal, "el Negro" , como se conoce a González Iñárritu, forma parte de la trinidad del cine mexicano fuera del país.
González Iñárritu, Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón son, dentro y fuera de México, "Los Tres Amigos" , cineastas dotados de gran habilidad que por razones de falta de industria nacional se han convertido en cotizados migrantes del cine.
Cada una de sus apariciones en México atrae inevitablemente la atención de las cámaras y de la prensa, como cuando en 2008 apoyaron los estímulos fiscales a un sector antaño fuerte que aun renquea de la invasión de Hollywood auspiciada por el Tratado de Libre Comercio del Atlántico Norte (TLCAN) en 1994.
A través de su productora conjunta Cha Cha Cha han ayudado a que vinieran a este mundo Rudo y cursi, que reunió en pantalla tras diez años a Gael García y Diego Luna, Mother and Child, de Rodrigo García, y la propia Biutiful.
"He tenido la fortuna y también quizás la solitaria desventaja toda mi vida de haber sido mi propio productor" , apuntaba en el estreno de Rudo y Cursi.
Por eso, sabedor de que las historias han de reflejar con fidelidad la visión del director, procura no entrometerse y dejar que cuando otro pilota el barco "cometa los errores que tenga que cometer", aunque él aporte sus consejos.
La elección de Biutiful por parte de México para que concurriera a la carrera por los Oscar, le dejó "alucinado" .
"Me llena de ilusión llevar a nuestro país una buena noticia, que tanto lo necesita" dijo su voz desde Los Ángeles a los periodistas, vía conferencia telefónica, como en tantas otras ocasiones.
Los medios mexicanos se han acostumbrado a hablar con el mientras rueda en el extranjero, o desde su casa angelina donde prepara su asalto a un nuevo proyecto (hoy hablaba con Televisa "parado junto a la cama").
A fin de cuentas, no les resulta tan extraño, porque González Iñárritu empezó siendo sólo una voz. La de un locutor de radio, que ahora pisa la alfombra roja de la meca del cine.