Tantas veces me he referido a la gran oportunidad económica que, para Canarias, representa la situación privilegiada del archipiélago para convertirse en el gran nudo atlántico de comunicaciones de pasajeros y mercancías entre Europa, África y América –el llamado “hub” tricontinental– que es inevitable prestar atención al intermitente y recurrente conflicto de los controladores aéreos, que sin la menor motivación sólida, podría llegar a poner en peligro esa extraordinaria oportunidad económica de Canarias, al introducir, en las comunicaciones aéreas, un factor injustificado de incertidumbre. Menos mal que, en plena temporada de vacaciones estivales y de gran afluencia turística hacia nuestro país, parece que finalmente las medidas de firmeza impulsadas por el actual presidente de AENA, el ingeniero Juan Lema, experimentado antiguo director general de Aeropuertos españoles, y claramente respaldadas por el ministro de Fomento, José Blanco, parece que empiezan a dar frutos positivos en el funcionamiento de la navegación aérea, que es de esencial importancia estratégica en un país turístico como España y por supuesto, de manera especialmente intensa, en lo que hace a Canarias.
Todo indica que, por fin, alguien se ha decidido a poner un poco de buen sentido y orden a un colectivo tan retributivamente privilegiado como es el que forman los controladores aéreos. Ya era hora, porque conviene saber que los controladores aéreos españoles se significan por figurar entre los más caros y los menos productivos de Europa, según advertía ya el Informe Anual 2009, sobre datos nada menos que de 2007, de la organización EUROCONTROL de navegación aérea. Bajo el título “ATM Cost-Effectiveness (ACE) Benchmarking Report”, algunos datos de dicho informe son particularmente elocuentes. Por ejemplo, que la hora de trabajo de un controlador en España era, y lo sigue siendo a fecha de hoy, la más cara de Europa, en concreto, 184 € la hora, casi el doble más cara que la media europea.
Pero hay más. En nuestra AENA, más de 1/3 de las horas totales por turno de controlador son extraordinarias. Sí, han leído bien, más de la tercera parte. Esta es una de las razones que explican los altos costes por controlador en España. Pero es que si se tiene en cuenta la corrección por referencia al coste de la vida, el coste/hora de un controlador español es todavía mayor, en concreto la friolera de 206 €/hora, frente a los 99 €/hora de la media europea.
Y sin embargo, siendo los más caros, los controladores españoles de AENA figuran entre los menos productivos de Europa. El dato es elocuente, porque su productividad es de 0,55 horas de vuelo por hora de controlador, un 25,7% inferior a la productividad media europea (0,74). En tan privilegiadas condiciones de trabajo y retribución parece de sentido común que los controladores aéreos españoles debieran esforzarse por ahorrar molestias e inquietudes a los usuarios del transporte aéreo en nuestro país. Justo lo contrario de a lo que, por desgracia, nos tienen acostumbrados.
Por lo injustificable de la situación descrita, por la gravedad del permanente desafío del citado colectivo a los intereses generales, es de sentido común que ésta es, ejemplarmente, una de esas cuestiones en las que todas las fuerzas políticas del arco parlamentario debieran cerrar expresamente filas en respaldo al Ministerio de Fomento, de cuya entidad AENA (Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea) dependen los controladores, como todo el conjunto del sistema aeroportuario español. El ministro José Blanco debiera recibir el máximo apoyo de todas las fuerzas políticas para su empeño de devolver el colectivo de controladores aéreos a la disciplina y la racionalidad, aunque sólo fuera por servicio a los intereses generales del país, con particular incidencia por cierto sobre las grandes y legítimas expectativas de Canarias de convertirse en el gran nudo de comunicaciones aéreas y marítimas del Atlántico, con todo lo que ello supondría de legítimo enriquecimiento de un Archipiélago tan favorecido por la naturaleza y el clima y tan tradicionalmente abandonado por los políticos.
Desde luego no merece Canarias, ni España, que se pongan en peligro las legítimas expectativas de crecimiento y progreso económicos por un colectivo que tan manifiestamente abusa del factor de seguridad, y por tanto de riesgo, que implica la necesaria perfección del control de la navegación aérea. Hay sobrados datos de que el actual presidente de AENA, el prestigioso ingeniero Juan Lema, está decidido a poner seriedad, orden, rigor y disciplina en ese colectivo, y es visible que cuenta para ello con el pleno respaldo del ministro José Blanco. En un conflicto tan duro y tan importante, el ingeniero Juan Lema debiera contar asimismo con el respaldo inequívoco y explícito de todos los partidos parlamentarios y de todos los Gobiernos autonómicos. La seguridad y eficiencia del tráfico aéreo es una necesidad imperativa para un país turístico como España y para el buen funcionamiento económico de todas las Comunidades Autónomas del Estado.