En la reunión de Unasur, en Quito, se evidencio la actitud dispar de quiénes, con una retórica encendida, parecen empeñados en atizar los conflictos, por un lado, y de los mandatarios que, con una visión madura, buscan la forma de solucionarlos, por otro.
En efecto, la intervención del coronel Hugo Chávez, anunciando que vientos de guerra soplan en la región, cuando pretendía que la reunión de Unasur incorporara el tema de la presencia militar estadounidense en bases colombianas - presencia que ha suscitado explicable preocupación en América del Sur-, las palabras del presidente de Brasil, Lula da Silva, pusieron fin a la retórica belicista al reiterar que él no concebía la posibilidad de conflictos bélicos entre los países de la región y proponer una eventual invitación al presidente Obama para replantear las relaciones entre los EEUU y la región. Después, la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, propuso una nueva reunión de mandatarios del Unasur, en Buenos Aires, para contar con la presencia del presidente de Colombia, Álvaro Uribe.
Es necesario privilegiar la vía diplomática para la solución de conflictos. Lo contrario, el discurso belicista, solo favorece una peligrosa tendencia a caer en la carrera armamentista. Las cifras de incremento del gasto militar y de adquisición de armas son alarmantes, según los datos que difundió BLANCO Y NEGRO: de acuerdo con el Instituto de Investigaciones para la Paz, de Estocolmo (Sipri), el gasto en defensa de los países de América del Sur alcanzará este año $50 000 millones, frente a los $ 39 961 de 2007.
Solo Venezuela compró a Rusia en los últimos cuatro años $4 000 millones en armamento, y ha anunciado nuevas compras de tanques.
Los vientos de guerra dan pábulo a más gasto en armamento; hay que disiparlos por la vía diplomática, sin sentar a nadie en el banquillo de los acusados, como señaló el presidente de Paraguay, Fernando Lugo. La Unasur es un foro ad hoc.