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¿Para cuándo el cambio de régimen en Washington?

Usted es sólo temporal, mientras que nosotros somos permanentes”, le dijo a Manuel Zelaya el establishment hondureño poco después de su toma de mando como presidente de Honduras a comienzos de 2006. (Greg Grandin, The Nation, 30 de junio).

Así, Zelaya era presidente para servir al establishment hondureño —la oligarquía, pues—, y cuando comenzó a ejercer el poder aumentando salarios, construyendo escuelas, criticando las ataduras del libre comercio con Estados Unidos y abriendo relaciones con la Alba para tener petróleo venezolano barato, comenzó la conspiración para derribarlo. Barack Obama ganó las elecciones porque prometió cambios en las políticas doméstica e internacional, pero a medida que pasan los meses sus iniciativas se diluyen o son frenadas desde fuera y desde dentro de su administración, evidentemente por los “intereses permanentes” del establishment estadunidense.

La crisis hondureña muestra a las claras los límites de acción en Washington de un presidente que aún no pudo (o no ha querido) hacer cambios de personal clave en el aparato estatal —Departamento de Estado y Pentágono— para apropiarse de la maquinaria a través de la cual puede usar las palancas del poder. La pareja George W. Bush-Dick Cheney fue revolucionaria y con ayuda —y en beneficio— del establishment se apropió de la maquinaria estatal, nombró personal ideológicamente afín, adoptó políticas abiertas y encubiertas de largo alcance y sembró minas en las regiones claves del mundo para que sus sucesores no pudieran efectuar cambios fácilmente.

Tampoco ayudó para conciliarse con el establishment demócrata, que mete la mano en los mismos bolsillos de empresas e intereses oscuros que el Partido Republicano, el que Obama pusiera a Hillary Clinton en el Departamento de Estado, y mantuviera o nombrase a funcionarios de controvertida historia en otros puestos clave.

El diario argentino Página12 (“Made in Washington”, 26 de julio) resume detalles y contradicciones de las intervenciones del Departamento de Estado en Honduras, complicidades con los golpistas y la creación de la “vía muerta” de la mediación del presidente costarricense Oscar Arias, y cómo después que Zelaya pateó el tablero y fue a la frontera de su país, la pelota retornó a Washington, donde los militares estadunidenses —según Página12— esperan ahora las órdenes para decirles a sus colegas hondureños “lo que tienen que hacer”, como siempre antes.

En política exterior, añade, mientras Obama brinda encendidos discursos, llama a la conciliación, conforta y adormece, la canciller Hillary aparece defendiendo los intereses inamovibles del establishment. ¿Para cuándo el cambio de régimen en Washington?

Opinión extraída del periódico Milenio 27/09/2009

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