Alcaldes flojos y menos flojos
Han pasado cien días desde su toma de posesión y algunos han demostrado su valía “política” y otros que el cargo les viene grande y aún no se han hecho a él. Estos alcaldes ganaron más que por sus méritos, experiencia probada o conocimiento, por el hartazgo que habían producido sus antecesores. Son flojos y pusilánimes y ellos lo saben. Pero hay de todo.
El de Palencia se entrega al cargo y se lo cree, pero tiene una imagen de “buenazo”, de no dar un puñetazo en la mesa, y -aunque él no tiene la culpa- hasta le roban las bicicletas. La mitad de las bicicletas que el Ayuntamiento ha dispuesto en alquiler han sido hurtadas en las últimas semanas.
Burgos lleva años con alcaldes blandengues y poco resolutivos. Puede tachárseles de desidia, de estar a otros temas menos domésticos. El actual, Javier Lacalle, es el que se va a comer el marrón. La ciudadanía burgalesa se ha enterado que el arrendatario de la cafetería Espolón, de propiedad municipal, no ha pagado ni un solo céntimo de euro al Ayuntamiento en los 11 años de explotación del local. El “cantinero” jeta debe, desde la etapa de Ángel Olivares, al Consistorio más de 600.000 euros. Y el alcalde (los alcaldes) y los suyos mirando para otro lado. Vergonzoso.
En la acera de en frente tenemos alcaldes cuya primera impresión fue la de sosos, tristes, sin experiencia, parados, flojos...Sin embargo, están gestionando con valentía. El ejemplo más patente es el del popular Emilio Gutiérrez, al que llamó el propio presidente del Gobierno para que mediase y evitase la suspensión del acto de inauguración del Instituto Confucio.
El leonés Gutiérrez, que escogió para concejales a los primeros que pasaron por allí, comienza a tomar decisiones de calado. Ha llevado a cabo una miniremodelación de su equipo y ha colocado a José María de Benito como el concejal con más peso. De Benito es el mayor disidente interno a la política de Isabel Carrasco, que es también la presidenta del PP. Ahí Gutiérrez le ha echado valentía.
La misma que está derrochando el de Salamanca, Alfonso Fernández Mañueco. Bueno, Mañueco tira de talante y de buenas maneras y en estos días ha desmontado las decisiones más polémicas de su compañero y antecesor, Julián Lanzarote, un ogro de la política municipal salmantina.
Del único prócer municipal socialista, el de Soria, Carlos Martínez, lo que se dice es que está muy pagado de sí mismo. Inaguantable. Encantado de haberse conocido. Y que ya no habla con los humanos.