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El gran damnificado es el país

El gran damnificado es el país

La historia se repite, la primera vez como tragedia y la segunda como comedia; los hechos -por decir algo- tristes que sucedieron en nuestro país el día jueves 30 de septiembre de 2010 es un día de luto nacional y nos obliga a gobernantes y gobernados a hacer una reflexión profunda; en primer lugar el gran damnificado es el país ¿qué mensaje hemos dado al mundo? Si vimos perplejos a un cuerpo uniformado insubordinado que con sus acciones lograron paralizar el país y cuyas imágenes desbordaron las fronteras y se convirtieron en noticia mundial; igualmente vimos a un Presidente exasperado, en un acto de audacia e imprudencia, en forma desafiante meterse en la “boca del lobo”, lejos de resolver el problema lo único que consiguió es caldear más los ánimos de los amotinados. El Presidente se expuso y fue vejado y humillado; un estadista debe actuar en estos casos difíciles, con absoluta ponderación, cabeza fría y serenidad, no debió jamás abandonar Carondelet -su puesto de mando- en términos militares, de inmediato debió convocar a su comité de crisis: el Consejo de Seguridad Pública. Lamentablemente no se procedió de esa manera y los hechos se desbordaron y llegaron a situaciones casi insostenibles y la democracia quedó al borde del colapso. Hasta ahora no se ha señalado a los responsables de lo sucedido, más bien hubo una verdadera cacería para encontrar culpables; para bien del país es necesario buscar las verdaderas causas de estos sucesos; en estos lamentables sucesos encontramos muchísimos síntomas: leyes aprobadas sin consenso y lo que es más en forma fraudulenta; desafíos, abusos, denuncias de actos de corrupción que han quedado en la impunidad, prepotencias, descalificaciones, etc. Estos y otros motivos han sido el combustible que creó un ambiente explosivo y que explotó ese aciago día. No debemos olvidar que en Montecristi, una mayoría gobiernista borró lo que estaba establecido en las anteriores constituciones; que las FF.AA. eran las garantes del ordenamiento jurídico. Mi pregunta: ¿Acaso en ese día no se tuvo que recurrir a ellas para salvar la democracia, recobrar la seguridad y la calma en el país? Se invocó a mantener la democracia y respetar al gobierno legalmente constituido, cuando los mismos que invocaron a ese legítimo derecho, en otras ocasiones no lo hicieron. Desgraciadamente hemos tenido un triste epílogo: la historia se repite, pero esta vez como comedia.
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