Los datos de consumo e inversión y los discursos de campaña
El candidato a vicepresidente de la Unión Cívica Radical (UCR), el economista Javier González Fraga, aseguró recientemente que es posible bajar la inflación, en un lapso de cuatro años, sin enfriar la economía.
Dijo que ?el consumo es fundamental para seguir creciendo, pero hay que equilibrarlo con inversión?. Y sugirió recrear un propicio ?clima de negocios?, ya que ?estimular sólo el consumo es condenar al país a la inflación?.
Más allá del aire de campaña que rodea sus afirmaciones, es importante ser precisos y corregir apreciaciones que claramente no se corresponden con los hechos.
En primer lugar, no existe ninguna desconexión entre consumo e inversión. Si se observan los niveles respectivos per cápita en la Argentina, se comprueba que ambas variables mantienen una altísima correlación (casi perfecta).
De modo que no sólo no existe trade-off entre consumo e inversión (ambas crecen al mismo tiempo), sino que las dos variables exhiben una íntima vinculación.
Pero hay algunas diferencias entre etapas. Entre 1993 y 2001 el consumo total por habitante se mantuvo prácticamente estable y cayó en la crisis, mientras la inversión siguió un camino similar.
Luego, entre 2003 y 2008 el consumo aumentó 46% y la inversión creció 146% (tomamos como base el año 2003 porque si hiciéramos la comparación con 2002 el salto sería aún más espectacular).
Desde 2002 en adelante, las variaciones entre inversión y consumo se mueven siempre en la misma dirección.
Si se asume como hipótesis la afirmación de González Fraga acerca de que el gobierno ha fogoneado el consumo masivo (mediante aumento del gasto en programas sociales, mayores salarios y jubilaciones, etc.) la única explicación factible es que, lejos de ser variables ?desconectadas?, es el consumo el que está estimulando una mayor inversión hasta llevarla a los niveles récord en términos históricos que exhibe actualmente.
Al analizar el consumo y la inversión agregados como porcentajes del PIB, se aprecia claramente que mientras el primero mantiene una incidencia levemente declinante (su participación hoy es algo menor que en la convertibilidad), la inversión claramente aumentó su participación en el PIB.
No parece existir entonces ningún problema de ?sustentabilidad?, es decir la demanda está suficientemente abastecida por una oferta creciente.
Este proceso de aumento de la inversión a tono con la demanda agregada también queda claro cuando se analiza la evolución creciente de la capacidad instalada implícita de la industria.
Pero la evidencia muestra que, en realidad, la inversión crece porque el PIB crece (y no al revés) gracias a las exportaciones, el consumo y el gasto e inversión públicas.
De este modo, a contramano de las visiones más ortodoxas, no es preciso estimular el ahorro previamente (por ejemplo, reduciendo el consumo) para aumentar la inversión.
En realidad, la inversión crece, traccionada por la demanda de bienes finales, y produce cambios en el ingreso nacional que aumentan el ahorro.
Así, la Argentina muestra el máximo nivel de ahorro macroeconómico de las últimas décadas y, al mismo tiempo, presenta también un fuerte aumento del nivel de consumo agregado en términos reales.
La clave es que la inversión no está desconectada del consumo, como erróneamente sugiere González Fraga, sino que está íntimamente vinculada al tamaño y al dinamismo del mercado.
Es un asunto de lógica: los empresarios sólo aumentarán la capacidad productiva si el mercado para sus productos es más grande.
Por eso, la inversión actual es récord con independencia de cómo uno pueda juzgar el ?clima de negocios? y la política económica del gobierno nacional ha venido brindando certezas sobre un mercado interno siempre en crecimiento.
Todo esto revela que los empresarios desarrollan su actividad inversora siguiendo de cerca la evolución de la demanda efectiva para sus productos y sin prestar ninguna atención a las teorías y pronósticos que han venido prediciendo catástrofes, veranitos y cambios de clima sin éxito desde 2003 a la fecha.
Alejandro Robba
Subsecretario de Coordinación Económica del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas de la Nación