“Los salarios no aumentaron suficientemente en relación a la riqueza creada. Nos limitamos a facilitar el acceso de los hogares al crédito, pero esa gente no tenía recursos suficientes. En todo caso, no se había beneficiado con el aumento de la productividad, en particular la que creó la informática. Entre 2000 y 2010, nadie se dio cuenta de que reemplazar un auténtico poder adquisitivo por acceso más fácil a créditos para el consumo provocaría una catástrofe”.
Lo dijo Paul Jorion, economista y antropólogo discípulo de Lévi-Strauss. Me parece que este hombre se explica muy bien, con claridad, sin retorcer el discurso a fuerza de jerga economicista y/o antropológica. Los salarios no aumentaron suficientemente en relación a la riqueza creada, sino que aumentó el capital de los patronos al grito de “empresarios ricos y empresas pobres”. Esta es una de las miserias capitales del sistema que, entre otros vicios medievales, aporta seis mil millones de euros anuales a la Iglesia.
El Estado actual, anacrónico para afrontar un futuro imprevisible, no es más que un fósil objeto de estudios arqueológicos. Mientras tanto, el Defensor del Pueblo pide más medios para prevenir la tortura y los malos tratos, porque el pueblo todavía necesita que lo defiendan de la crueldad de sus propios dirigentes que, en esta Infraedadmedia, continúan con el abuso de poder, la impunidad de sus actos, los desahucios, desalojos y otras atrocidades. Así como en otros países se alzan voces para juzgar a quienes hundieron la economía, o consintieron, por acción u omisión, en el ámbito apostólico romano, en cambio, Rodrigo Rato, Director General del FMI hasta junio de 2007, preside Bankia como si no hubiera pasado nada. ¿No debe explicaciones el ex director del FMI? ¿Fue presa de la stupere generalizada? ¿Ignoraba la crisis en ciernes? Si es así, premiar a los ignorantes sigue siendo el mal nacional de mayor raigambre, y así nos va.
Dicha estupidez, que parece infinita y signa a España, ha recorrido los siglos, desde el imperio donde no se ponía el sol hasta los nubarrones de hoy, pasando por las tres eses de “sun, sex, sea” que, a modo de divisa, animó a encementar las costas que preside Benidorm.
En 2001, cuando el famoso “corralito” argentino, España se regodeaba en su falsa riqueza, basada en un falso poder adquisitivo generado por la Gran Mentira que la llevaría a la catástrofe. ¡Qué coñazos hubo que aguantar entonces! Hoy, el “corralazo” se extiende a toda la entelequia dada en llamar Europa, mientras que en Iberoamérica no existe ninguna “burbuja”, ni financiera ni inmobiliaria, que amenace con estallar sino al contrario, Brasil, por ejemplo, será una de las grandes potencias del mundo. ¿Hay mayor estupidez en la historia de España que haber dado la espalda a Iberoamérica? En Argentina, por ejemplo, uno puede cambiar de trabajo sin cortapisa, mientras que las cifras del paro en la “madre patria” resultan escandalosas. Se llamaba “euroescépticos” a aquellos que no tragaron la píldora dorada con un vaso de cicuta. Ahora, hasta el euro está en cuestión, y queda claro que el gobierno europeo fue ideado para el retiro dorado de los grandes estupefactos, como Joaquín Almunia, en el caso español, entre otros. Mientras tanto, los jóvenes españoles continúan abandonando el país, muchos rumbo a Buenos Aires, México, Iberoamérica, en fin.
Eduardo Keudell. Periodista y escritor.