¿Se acuerdan de la famosa serie televisiva de los años ochenta que dirigió Antonio Mercero? Sí, hombre, aquella que contaba las andanzas de Chanquete y una pandilla de chavales de vacaciones en Nerja y que, igual que ahora el pseudo reality friki de "Supervivientes", congregaba a media España todas las tardes frente a la caja tonta para contemplar las reivindicaciones joanbaecianas del "no nos moverán" de los "indignados" de entonces. Bueno pues ahora se repite la historia y los socialistas andaluces siguen cantando el "no nos moverán" de la Junta tratando de remediar lo irremediable, el irrefrenable cambio de un ciclo político que dura ya demasiados años en Andalucía. Todo parece indicar que, como decía alguien, "lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible", y lo de aquí no tiene vuelta de hoja. La decisión de los andaluces de acabar, por fin, con treinta años de despotismo ilustrado que ha acabado colocándonos con el record absoluto de más de un millón de parados parece confirmarse cada día que pasa y amenaza con darle el verano azul a Pepe Griñán.
Esá tan complicada la cosa que este "verano azul" se va a tornar en horas extras para muchos compañeros mártires del PSOE-A. Aquí no descansa ni Dios. Mi querido Pepe Griñán pensaba que iba a tener una tregua de treinta días en agosto en la que iban a dejarle tranquilo con su familia en la playa y hete aquí que ni los suyos ni los otros le van a dar un respiro. Los suyos, porque Alfredo Pepunto Rubalcaba tiene prisas por poner e marcha la maquinaria electoral por si acaso las elecciones se adelantan a noviembre y va a tirar de alguna consejera del Ejecutivo andaluz para integrarla en su equipo de campaña con el fin de que le informe qué es lo que tiene que decir cuando llegue a los mítines andaluces. Porque ya se sabe que Rubalcaba es diputado por Cádiz, pero de los problemas que sufre la provincia gaditana tiene la misma idea que su colega Papandreu, es decir, ni papa. Y si eso es de Cádiz, qué les voy a decir de Jaén, Granada o Almería. A Pepunto Rubalcaba los problemas de Andalucía les suenan a chino por más vicepresidente y ministro del Interior que haya sido durante varios años de la actual legislatura, o precisamente por eso. Ya lo vieron el otro día en la entrevista con Griñán. Hablaron de elecciones separadas o conjuntas, del posible adelanto electoral, de la campaña, de los problemas internos que afectan al partido en Andalucía...y pare usted de contar. ¿Del millón de parados? ¿para qué si eso parece ya connatural con la idiosincrasia andaluza?
Pero a lo que iba. Que entre unos y otros van a amargarle las vacaciones al presidente de la Junta quien todos los días se levanta con el sobrsalto de una nueva encuesta que no hace sino confirmarle que se le acaba el tiempo. Esta semana han sido tres, a cada cual peor. La primera, la del PP que, como es lógico y natural, le daba a Javier Arenas la victoria por mayoría absoluta con más del 50 por ciento de los votos. Hasta ahí, nada nuevo y preocupante. Lo que sí ha preocupado más a Griñán es el sondeo hecho público por el Centro de Análisis y Documentación Política Electoral de Andalucía (Capdea), dependiente de la propia Junta de Andalucía, que en su oleada del Estudio General de Opinón Pública de Andalucía, correspondiente al verano de 2011, ha colocado al PP 14,6 puntos por encima del PSOE y con muchas posibilidades de gobernar en solitario. Y no se queda ahí la cosa. Lo que peor ha sentado no solo en Sevilla sino también en Ferraz, ha sido una tercera encuesta encargada por el propio PSOE andaluz que le da al PP un 46 por ciento de intención de voto frente a un 39 al PSOE. Se dice que las encuestas, como los referéndums, se hacen para ganarlas y muy mal tienen que estar las cosas para que los socialistas reconozca no sólo una derrota, sino una diferencia de casi 7 puntos a favor del PP. O alguien se pone las pilas pronto en el partido que gobierna España y Andalucía o no va a haber quien pare el tsunami iniciado el pasado 22 de mayo. Así que lo dicho, feliz verano azul, Pepe, y trata de evadirte con tu música clásica preferida porque están por llegar días bastante aciagos.