El debate es tardo con la noción
Decía James Joyce que la historia es una pesadilla de la que estamos intentando despertar. Mañana empieza el último debate del estado de la Nación del presidente Zapatero y será un dejá vue tan joyceano como su concepción de la historia.
Debería ser el examen final de cada curso legislativo, el momento en que el gobierno rinde cuentas sobre lo que ha hecho en el último año y el resultado frente a lo que prometió que se haría. En España tenemos mal la noción de debate y la definición de nación y lo que vamos a ver es una sucesión de monólogos en los que cada uno llevará el ascua a su sardina y al final solo importará si el presidente fue más ocurrente o si el líder de la oposición estuvo más contundente para concluir que este o aquél ganó por goleada o a los puntos.
En otros países la cosa tiene mucha enjundia, no así en España. Hombre, quizás sería exagerado pedir que, al igual que en EEUU, las dos cámaras se reunieran conjuntamente y recibieran al presidente de pie y aplaudiendo el día que va a dar su discurso sobre el Estado de la Unión. Vale, pero tampoco es pedir demasiado que ese día se haga un balance claro de lo realizado, con sus luces y sus sombras, denunciando las dificultades ambientales y reconociendo que somos falibles y que ni el tiempo alcanza para todo ni las circunstancias nos permiten hacer cuanto se prometió hace un año, pero dejándonos una foto real y cabal de nuestra situación.
Desafortunadamente, a lo que asistiremos será a un debate nacido muerto, y no solo por el formato. El presidente, en realidad el ex presidente en funciones de ex, no podrá sacarse ningún conejo de la chistera. Ni una ley de Transparencia ni un baile de la ministra Cheer leader nos sacarán del sopor veraniego en que ya estamos instalados: ya está todo el pescado vendido, lo más a que podremos asistir es a un nuevo rosario de letanías sobre la crisis mundial, la responsabilidad de todos para salir de ésta, vaguedades sobre las medidas que se han tomado y las que se están tomando y alguna palabra de conmiseración para con los griegos y la corresponsabilidad europea. Poco más, ya lo verás, acaso la felicitación a Miguel Ángel Moratinos si consigue el nombramiento como superjefe de la FAO.
Y del otro lado la cantinela de Mariano Rajoy convertida en mantra “elecciones anticipadas, anticipe las elecciones” que tampoco aporta nada. Le oiremos bramar con su estilo tosco y bronco sobre Bildu, sobre la pérdida de competitividad y hasta sobre la dejación de funciones del ministro del Interior con los chicos del 15 M. Entre tanto, Rosa Díez reclamará ser la madre de todos los 15M’s y pedirá una nueva ley electoral al tiempo que dispara hacia el norte por lo de Bildu, eso sí, vestida de Griselda Galliano.
De nuevo, el debate lo ganará Durán i Lleida que se centrará en la crisis, en la necesidad de avanzar medidas monetaristas y pedirá elecciones anticipadas, aunque con la boca pequeña. Gaspar Llamazares clamará en el desierto sobre la derechización del gobierno y algunos temas de importancia suma en otras galaxias –y no porque don Gaspar no sea un hombre serio y sensato, que lo es y mucho, sino porque los presupuestos ideológicos que defiende se los tragó la noche de los tiempos hace ya eones- como la guerra de Afganistán o los intentos del ministro Sebastián con las energías renovables que ya no parecen ir a ningún lado.
De todas las intervenciones la única que no seguiré porque estoy en huelga de orejas caídas es la del PNV. Ya está bien de chorradas por esta legislatura. La última de Josu Erkoreka sí que es del tamaño descomunal que permitiría clasificarla como la mayor bobada jamás dicha en estos 36 años de democracia. No seré yo el que le dedique un segundo de mi tiempo.
En fin. ¿Tendrá el regusto amargo de las despedidas? Creo que no, solo espero por favor que no llore nadie, ni aunque ocurriera lo impensable y se anunciara el adelanto electoral. Estoy hasta los pelos de este país de llorones en el que nos hemos convertido. Necesitamos más rigor, más valor, más sentido del estado y menos lagrimitas.