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Bin Laden, dead or... dead

Bin Laden, dead or... dead

El 1º de marzo de 2003 la CIA captura en Afganistán a Khalid Sheikh Mohammed, un mal tipo que ese mismo día cumplía 38 años.     Aplicándole “enhanced interrogation techniques”, técnicas mejoradas de interrogatorio según la CIA, consiguieron averiguar que su puesto como enlace con Osama Bin Laden podía haber recaído en otros cuatro terroristas. Uno de ellos de nombre Abu Faraj Al-Libby, localizado en junio 2005. Fue detenido y llevado de vacaciones al Caribe, a Guantánamo.     Allí se le interrogó con métodos tan enhanced como el conocido “submarino” en el que se simula que se ahoga al interrogado. El tal Faraj contó a la CIA que cuando Khalid Sheik Mohammed fue detenido, él fue ascendido a Jefe de Operaciones de Al Qaeda y confesó también que “el ascenso” se le notificó a través de un correo personal.     La CIA llegó a varias conclusiones: que el correo solo podía haber sido enviado por Bin Laden, que este hombre no utilizaba sistema electrónico alguno para comunicarse con el exterior y que el o los correos debían tener acceso directo a Bin Laden o a su mano derecha. Como en la mejor peli de espías, la CIA se puso en marcha y en 2008, a través de la red Echelon en Europa, acabó topándose con un nombre que podía ser el del correo de Abú Faraj. Pero solo era un nombre en una conversación telefónica, nada más. No tenían una cara, no tenían una dirección, no tenían un país.     Después, en 2009, posiblemente en Julio, la CIA interceptó una llamada de alguien que daba algunas instrucciones operacionales a uno de los terroristas que tenían bajo vigilancia y llegaron a la conclusión de que aquel interlocutor podía ser el correo que estaban buscando.     Bin Laden no permitía móviles ni ordenadores conectados a la red en su escondite ni en kilómetros alrededor, así que el interlocutor no estaba ni cerca de Osama, pero ya había sido localizado. Y se pusieron a vigilarle estrecha y discretamente.     En Agosto 2010 el tal correo –su nombre no ha trascendido- hizo un viaje al Valle de Orash, una zona muy turística de Pakistán a 120 kms. al norte de Islamabad. El correo fue a Abbotabad, una ciudad del valle en la que, curiosamente, había vivido Abú Faraj. Lo demás fue solo seguir el hilo. El correo guió a la CIA hasta un complejo urbanístico en el que una de las construcciones estaba rodeada por un muro de seis metros y medios de altura. Nadie vigilaba la propiedad ni se veía gente armada en las proximidades.      La CIA pensó que Bin Laden estaría protegido por un ejército dispuesto a morir por él y fuertemente custodiado. Durante seis semanas nadie relevante entró ni salió de la vivienda amurallada, aunque lo más sorprendente es que no se produjo ni una llamada telefónica al exterior ni se detectó conexión alguna a internet. La CIA, entonces, se mosqueó un montón.      Ajajá, pensaron, este tío se ha escondido in plain sight, a la vista de todos: sin armas, sin guardianes, sin escudo de muyahidines, sin teléfonos ni internet. “Lo tenemos”, se dijeron, “aunque no estamos seguros porque, si está dentro, ni sale, ni se asoma, no podemos localizarle; solamente suponer que está allí.”     A mediados de febrero de este año, John Brennan, asesor antiterrorista del presidente Obama, informa a la Casa Blanca y dice, literalmente, “This intelligence case is different. What we see in this compound is different than anything we've ever seen before,” (Este caso de inteligencia es distinto. Lo que vemos en el complejo es diferente a cualquier cosa que hayamos visto antes) y el presidente Obama ordena entonces emprender la acción. 24 SEALS son encargados de planificar una misión mistakes are unacceptable.     En la madrugada del lunes 1º de mayo dos helicópteros aterrizan en el complejo y mediante tecnología de reconocimiento facial localizan a la familia Bin Laden en las plantas segunda y tercera de la vivienda.     Lo que allí pasó apenas lo conoce un puñado de personas en el mundo. Probablemente Osama fue ejecutado, su cadáver trasladado a un portaviones donde se le hicieron pruebas de todo tipo incluidas las de ADN y luego arrojado al mar tras una ceremonia islámica probablemente dirigida por un oficial musulmán de la marina estadounidense.     Bueno, pues el mundo está mejor sin este tipejo. ¿Yo qué habría hecho? Mis convicciones políticas y democráticas me empujan a creer que lo habría detenido y llevado ante la justicia. Pero sé que es una trola de correctismo: si yo hubiera estado presidiendo la situation room de la Casa Blanca sé que habría ordenado lo mismo, absolutamente. Y tendría que vivir con esta contradicción y este crimen sobre mi conciencia el resto de los días de mi vida. Pero lo habría hecho. Y después habría devuelto mi Nobel de la Paz, eso sí.
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