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LOS SINDICATOS “FLOJEAN” ANTE LA CELEBRACIÓN DEL PRIMERO DE MAYO

Los sindicatos mayoritarios, UGT y CCOO, no realizarán la tradicional manifestación del primero de mayo en Murcia, reduciendo la conmemoración de la fiesta del trabajo a una especie de mitin-fiesta en el jardín de Fofó, junto con otros actos análogos en Cartagena.        Esta es la primera vez, desde la transición, que el mundo del trabajo no convoca manifestación en la capital murciana para celebrar el primero de mayo, como se ha venido celebrando habitualmente, siendo costumbre a nivel mundial, desde que la II Internacional de los Trabajadores declarara fiesta del trabajo dicho día.    Dicha medida nos ocasiona extrañeza, por cuanto el momento actual de paro en España (en torno al 25%) es trágico, la crisis económica y financiera internacional, está haciendo auténticos estragos en la economía de nuestro país, tratando de imponerse medidas de reducción de los derechos sociales que los trabajadores han logrado, con los años y mucho esfuerzo. Por cuyo motivo, esta suspensión nos parece un gesto de flojedad claudicante de los sindicatos ante el drama del desempleo y de la crisis que estamos viviendo, que lejos de alzar la voz en defensa del trabajador, de la situación de precariedad laboral, y contra las medidas antisociales de la UE –más preocupada por el saneamiento de las finanzas bancarias, y de la política monetaria del euro, que propiamente del problema social de los trabajadores europeos, que son la mayoría de su ciudadanía-, resulta que van y aflojan su voz, reducen su nivel de acción.    Inmediatamente la pregunta que nos surge es sobre el motivo que determina esta claudicante flojera, y no encontramos respuesta lógica desde las perspectivas de la lucha por los derechos sociales. Aunque sí podemos encontrar –y de hecho, se nos ocurren- motivos estratégicos de puro interés meramente sindical, como puede ser la desmovilización que se aprecia tras conseguir la marcha atrás del ejecutivo de Valcárcel en la ley de recortes, junto con la desmotivación de no pocos sindicalistas ante la supresión de sus liberaciones laborales, y en consecuencia la probable escasa convocatoria de los sindicatos convocantes. Lo cual, no deja de ser un mal síntoma del divorcio que se da en nuestro país entre los sindicalistas y los trabajadores en general, que en muchos casos, acusan a aquellos de no defender abiertamente sus intereses, sino de tamizarlos a través del propio interés y estrategia del sindicato actuante. No obstante, no pretendemos hacer elucubraciones, pero si atisbamos algo sintomático que viene determinando la necesidad de cambio del modelo actual de sindicalismo, si realmente queremos unos sindicatos auténticamente representativos, solidarios, y eficaces en la defensa del trabajador. Y ello pasaría por someterlos a un proceso de “desinstitucionalización” de los mismos, pues se han convertido en maquinarias autónomas, que ni dependen de sus afiliados en las cuotas, ni en las decisiones, pues su régimen de plurisubvención les hace vulnerables, y hasta cierto punto dependientes del que les aporta los caudales, sin los cuales pudieran verse asfixiados. En consecuencia, habría que llegar a un sindicalismo auténticamente autónomo, que no se erija en una institución burocrática en paralelo, sino que se simplifique su estructura, dotándose de mayor participación y democracia interna, constituyéndose en defensor de sus trabajadores, e incluso proveedor de servicios para los mismos (promoviendo actividades de formación, cooperativismo de consumo, de viviendas, etc.), reforzando su fortaleza interna, como paso previo a su eficacia y credibilidad pública. Y desde luego, más comprometidos socialmente en el sentido de solidaridad y justicia social, pues no es concebible que la banca (incluidas cajas de ahorro) en España estén ejecutando hipotecas impagadas de trabajadores en paro, sin que los sindicatos se movilicen activamente para impedir esos desahucios injustos. Al menos, podrían instar la reforma de la Ley Hipotecaria pidiendo la “dación en pago”, mediar con las Administraciones Públicas y la Banca para buscar créditos sociales (con periodos sociales de carencia), o facilidad de tornar la propiedad vía crédito hipotecario, por un arrendamiento social, con subvenciones sociales, etc. Pero nada de esto hemos visto; aunque nos gustaría que UGT o CCOO nos pudiera sacar de nuestro aparente desconocimiento de intervenciones de esos sindicatos en el sentido apuntado.  Mientras esto no sea así, hablaremos de un sindicalismo institucionalizado, subvencionado, vulnerable, que sirve para la coartada social y política de decir que existe representación sindical (que en España no pasa del 17% de la población activa), y por ende aplicar una ficción legal de representatividad que facilite la mal llamada “concertación social”. Pues en la actualidad se debería llamar, más bien, la “trágala social”, ya que hay que tragar con todo lo que el capital –especialmente financiero, que es el especulativo, causante de esta grave crisis- imponga.             ¡Para ese viaje, no hacen falta alforjas…..!   EL MIRAVETE            
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