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Más importante que entender la victoria obtenida por el candidato Ollanta Humala en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en el Perú, es preguntarse cómo va a gobernar y cómo se va a hacer cargo del espectacular crecimiento del país de los últimos años. Es cierto que este crecimiento ha sido profundamente desigual. Parte del voto a favor del candidato de Gana País refleja la ira o la frustración de estos ciudadanos que no se sienten implicados sino excluidos de las cifras macroeconómicas.
Pero Humala, dado el número de votos que ha conseguido, es más que un rechazo airado al sistema y, quizá por no haber entendido este aspecto, fracasaron las estrategias de las candidaturas opuestas a él por razones ideológicas. Fue el caso de Alejandro Toledo, que invirtió buena parte de su energía y de su tiempo -y también del desgaste que toda confrontación implica- en atacar al presidente Allan García y al aprismo. El hecho es lo que Mirko Lauer comentaba semanas atrás en La República: "... una mitad del electorado hoy toma distancia de los candidatos que encarnan el sentido común oficial de estos diez años. Los llamados a considerar el lado peligroso de las candidaturas de Humala o de Keiko Fujimori han tenido hasta aquí muy poco efecto".
En la primera vuelta del año 2006, Humala no ocultó su filiación con el presidente Chávez. El mandatorio venezolano le dio su bendición. En esta primera vuelta de 2011, Humala reaccionó molestó ante la bendición del presidente venezolano y despegó tajante el cordón umbilical. ¿Maniobra política que se irá desdiciendo en el tiempo una vez que el poder se consolide? Sin embargo, muchos analistas insisten que Humala ha cambiado y que su orientación está dirigida al modelo brasileño del expresidente Lula. Naturalmente, hay que diferenciar la posición del exmandatario y del PT brasileño. Y también cómo se compaginaría esta posición, la de Lula o la del PT, con el actual Gobierno de Dilma Rousseff.
Una de las lecciones claves de lo sucedido es que una porción significativa de los electores peruanos no tiene esperanzas en la democracia tal cual ha sido entendida en esta última década en el Perú ni tampoco en su modelo económico. En la democracia por las características autoritarias del candidato Ollanta Humala. Por el modelo económico porque si bien es cierto que de lo que se trata, y de forma urgente, es de compensar la terrible brecha entre quienes tienen mayores ingresos y la enorme mayoría que no los tiene, la receta del estatismo a secas puede hacer resultar que el remedio sea peor que la enfermedad. ¡Sorpresa pendiente!
La oposición, con la obvia excepción de Keiko Fujimori, cometió el error de siempre: ir dividida y disputarse entre sí el mismo electorado, mostrando sus errores. La sorpresa la dio Pedro Pablo Kuczynski, que, de aspirante sin mayores posibilidades al comienzo, casi termina entrando en la segunda vuelta. No tanto Alejandro Toledo, que desde mediados del año pasado comenzó a caer sostenidamente hasta perder toda posibilidad.