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Tiempo para el consenso

Tiempo para el consenso

Nada ha cambiado en la semana que termina. El desmoronamiento electoral del PSOE se acentúa en los sondeos, a menos que rápida y abiertamente los socialistas jueguen ya la carta de la candidatura de Alfredo Pérez Rubalcaba. Cualquier otra candidatura distinta a Rubalcaba –salvo una eventual y por ahora improbable reaparición en escena de Javier Solana, el político con más nivel de calidad y fiabilidad del agrietado partido socialista–, no haría sino agudizar el declive electoral del PSOE, que podría llegar del declive al desastre con esa inverosímil candidatura de Carme Chacón, ciertamente improbable, pero que estaría más cercana al muy español y expresivo género de la “astrakanada” que a una sensata estrategia política. Lo importante de esta hora es que el convencimiento de que el mandato de Rodríguez Zapatero, el socialista de muy tercer nivel que fue promovido por Pepe Blanco para evitar y sólo para evitar los riesgos de las ambiciones de José Bono –a quien Blanco conocía bien desde los tiempos de compartida militancia en el PSP de Tierno Galván–  ha sido un desastre no sólo para el país sino también para el PSOE, se ha generalizado. Ciertamente, ZP es el más impopular de los presidentes de nuestra democracia, pero lo es incluso entre los electores de su propio partido. La filigrana final del “me voy, pero de momento me quedo” ha terminado de definir la dimensión y peculiaridades del personaje, que de momento, eso sí, mantiene en sus manos los enormes resortes de poder e influencia que da La Moncloa. Al punto de extrema impopularidad y disgusto incluso de los propios electores socialistas, al que Rodríguez Zapatero ha llevado la situación, muy relevantes políticos del PSOE reconocen en privado que dan ya por perdidas las elecciones generales, con lo que ZP no habría sido sólo el ya reconocido desastre para el país, sino incluso para su propio partido, que además padece ahora una oleada de corrupciones, algunas innegables como las de Andalucía y otras muy incómodas a punto de emerger en otros territorios del Estado. Es un hecho inocultable que las próximas elecciones generales no las va a perder el PSOE, sino el desmoronamiento a que Rodríguez Zapatero ha llevado al PSOE como al conjunto del país. La opinión de los principales dirigentes europeos sobre Rodríguez Zapatero, que ya era tremenda, empeora visiblemente en las últimas semanas, porque ya se le ve no sólo como un problema de España, sino como un problema de Europa, en razón a la importante dimensión económica de nuestro país. El error que puede cometer el PP es confundir el hecho cierto de que la etapa de ZP ha llegado a su fin, con la excesiva certeza de que ello liquida electoralmente al PSOE. Sería imprudente confundir al PSOE con ZP. El PSOE es un gran partido, de extensa base social y electoral, y con muy valiosos dirigentes que nada tienen que ver con el lamentable personaje por fin en retirada. Es cierto que, a fecha de hoy, y con los datos de todas las encuestas, incluso las del oficial CIS, Mariano Rajoy parece tener despejado el camino hacia La Moncloa, pero la dirección del PP no debe menospreciar los resortes electorales del PSOE, sobre todo, si los maneja el extraordinariamente hábil Pérez Rubalcaba. Es necesario, casi imprescindible, que la ciudadanía cobre plena conciencia, y en ello debiera centrar el PP su campaña, de la gravedad y magnitud del daño inferido a España, a la economía española y a la posición europea de España por Rodríguez Zapatero, y recordar que sus ahora sucesores, aunque muy críticos siempre en conversaciones privadas, han colaborado con Rodríguez Zapatero en este “desmoronamiento de España”, por usar la afortunada expresión acuñada por Alberto Recarte. La misma peculiar forma de “me voy, pero más adelante”, utilizada por Rodríguez Zapatero, define la ausencia de cualidades éticas del personaje, reconocido ya por todos no sólo como un desastre para España, sino como un desastre para Europa, habida cuenta de la importancia objetiva de nuestro país en el conjunto de la Unión Europea. En las elecciones sucederá lo que tenga que suceder, y es sabido que unas elecciones no están ganadas ni perdidas hasta que termina el recuento de votos, pero suceda lo que suceda, que muy probablemente será el traslado del honrado, creíble y preparado Mariano Rajoy desde la madrileña sede del PP al Palacio de La Moncloa, habrá llegado de nuevo el momento de los amplios consensos transversales, porque es mucho lo que es imprescindible reparar y reconstruir y sólo podrá hacerse bien con la cooperación de todos. De manera que la pregunta del millón, la que inevitablemente se harán los electores el minuto anterior a escoger la papeleta y depositarla en la urna, será si Mariano Rajoy es el hombre adecuado y capaz de reconstruir esos consensos, y la respuesta será probablemente positiva, aunque sólo fuera por la enorme distancia intelectual y ética que separa a ZP y Rajoy. En todo caso, Rajoy debe ser consciente, ya desde ahora, de que Rubalcaba no es ni de lejos, por suerte para el PSOE, Rodríguez Zapatero, y que el inteligente y extraordinariamente bien informado político socialista, seguro que ya tiene algunas cartas especiales preparadas en la bocamanga. El inteligente, serio y honrado Mariano Rajoy es un político para la normalidad, para la recuperación de los grandes valores de la transición y para devolver España a una posición respetable en el ámbito de la Unión Europea. A los estrategas del PSOE, en cambio, les interesará crispar, aunque sea sin excesos, para reanimar y recuperar en lo posible el voto que ahora tienen desencantado y perdido por el desastre de la etapa de Rodríguez Zapatero. De manera que, aplicando el buen sentido de la vieja recomendación, “del enemigo, el consejo”, los estrategas del PP deben hacer lo contrario, evitar cualquier crispación y acentuar el llamamiento a una concertación transversal, capaz de superar la triste etapa de Rodríguez Zapatero y recuperar la credibilidad en el ámbito de la Unión Europea. Bien es cierto que todavía queda un margen de riesgo electoral para el PP. Con una candidatura inverosímil del PSOE, por ejemplo, de Carme Chacón, el triunfo en las urnas del PP sería espectacular, casi un paseo triunfal. Con la candidatura de Pérez Rubalcaba, el PP tendrá que elegir y construir bien los argumentos, y sobre todo, hacer bien la campaña. Y todavía hubiera quedado una hipótesis peor para el PP, aunque parece que finalmente descartada en Ferraz, que sería una eventual candidatura socialista encabezada por Javier Solana, uno de los grandes artífices de la transición y un político serio, honrado y creíble, un político que es la antítesis misma de la crispación. Al final del final, será ya Pérez Rubalcaba el candidato. ¿Puede ganar las elecciones Mariano Rajoy a Pérez Rubalcaba? Sin la menor duda, puede hacerlo y muy probablemente las va a ganar, pero es importante, para ello, que los equipos de la madrileña calle Génova, sean capaces de entender y asumir que es tiempo de ponerse a la cabeza de la manifestación del consenso y los grandes acuerdos transversales. ¿Incluso con el PSOE? En efecto, incluso con el PSOE, una vez que ya no esté al frente del partido el personaje inverosímil que ha producido el actual desmoronamiento de España.
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