Los obispos que hoy dirigen la Iglesia española no aceptan la modernidad. No aceptan la democracia: Rouco, Gascó, Cañizares, Camino y una gran mayoría del resto de los 50 prelados de nuestro país se han vuelto alucinados al siglo XVI y al Concilio de Trento. Las últimas declaraciones del cardenal Rouco Varela sobre el matrimonio homosexual merecen algún recordatorio que, seguramente, al cardenal gallego le sonará a chino. El matrimonio homosexual no es algo de ahora. Ha existido en todas las culturas y en todos los tiempos.
En el evangelio no aparece ninguna doctrina específica sobre la homosexualidad, según han señalado algunos moralistas de prestigio, como el teólogo claretiano Benjamín Forcano, reconocido investigador de la Moral sexual. Lo único que ha hecho el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero ha sido encuadrar jurídicamente una realidad que está ahí, y una vez que una gran mayoría democrática en España ha dicho “esto es así”. La homosexualidad la considera la Iglesia un “vicio nefando” (o sea, ni siquiera la palabra homosexualidad se puede mencionar, pues tal es el significado de la palabra “nefando”…). “La Ley de matrimonio homosexual aprobada por el PSOE es un paso más hacia la libertad y la tolerancia”, ha señalado el teólogo citado, que publicó a principios de este año un muy meticuloso y claro análisis de la asignatura Educación para la Ciudadanía (Educación para la Ciudadanía y Derechos Humanos”, Edit. Nueva Utopía, 2007). “En lo que respecta a la homosexualidad, no existe una ética cristiana. Es un problema humano que debe ser resuelto de forma humana. No hay normas específicamente humanas para juzgarla”. Esto lo escribió nada más y nada menos que el mundialmente acreditado teólogo dominico holandés E. Schillebeeckx, que asistió como experto llamado por el Papa al Concilio Vaticano II (Soy un teólogo feliz. Madrid 1994).
Sobre este tema es interesante y al mismo tiempo sorprendente la investigación, aireada sobre todo en ambientes gays católicos, del Dr. John Boswell (“La boda de las semejanzas”, Muchnik Editores) con datos tomados en múltiples y rigurosas fuentes (no menos de 18), de que la Iglesia reconocía el matrimonio contraído por personas del mismo sexo entre los siglos VII y XIII, equiparándolo de alguna manera con el matrimonio heterosexual. Dicho matrimonio se desenvolvía, según describe Boswell, con presencia de sacerdote, según un rito bien ordenado de ceremonias, oraciones, invocaciones y peticiones, tal como consta en los Manuales de Liturgia de aquella época. El gobierno de Zapatero, por elaboración y mandato del Parlamento (“democráticamente”), no habría hecho sino promulgar una ley que reconociera y ordenara jurídicamente los derechos de una realidad hoy existente de forma inapelable. En este sentido, la nueva Ley de Matrimonios Homosexuales sería, a juicio de un reconocido moralista español, “un nuevo paso hacia la libertad y la tolerancia”.
Monseñor Fernando Sebastián, al que muchos observadores consideran el “cerebro en la sombra” del cardenal Rouco Varela, es un hombre obsesionado por el “laicismo” de la sociedad española. Siempre ha sido muy critico con los “males de los teólogos progresistas”, y por eso le han abandonado casi todos los teólogos de su generación y con cierto peso, incluso en la Universidad de Salamanca. Cuando fue destinado como arzobispo de Pamplona se consideró que la idea de Roma y del episcopado español gobernado por Rouco Varela era poner una “cuña” en las diócesis vascas (Pamplona siempre ha sido considerada una de las diócesis vascas, hasta el punto que los obispos de Pamplona, San Sebastián, Bilbao y Vitoria publicaban desde hacía muchos años una Carta Pastoral Conjunta, muchas veces dirigida a temas que tenían que ver con la paz y la violencia). La misión de Sebastián al ser nombrado arzobispo de Pamplona fue, según algunos de sus colegas en la Universidad de Salamanca, cambiar la dirección de las pastorales de los “obispos vascos”.
Para Sebastián, había que salir al paso de las fuerzas “marxistizantes”, que parecen ser –según él- las que han introducido el cambio de rumbo dentro de la iglesia en la sociedad española. A juicio de los que le conocen, Sebastián suele afirmar con frecuencia que una parte de los teólogos y moralistas españoles se han vendido al PSOE. En no pocas ocasiones ha manifestado su proximidad a las tesis de los Papas Pío XI y Pío XII (“No se puede ser católico y socialista al mismo tiempo” y “El comunismo es intrínsecamente perverso “). Sebastián y Rouco demuestran que siguen bebiendo de estas fuentes. Es en esta línea en la que se mueven los obispos que hoy controlan los pasos de la Iglesia española, encabezados por Rouco Varela.
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(*) RAFAEL PLAZA Periodista especializado en temas de la Iglesia española.