Más de medio millón de andaluces son funcionarios, es decir, trabajan en las distintas administraciones públicas, a saber, Administración del Estado, Junta de Andalucía, Ayuntamientos, Diputaciones, Empresas Públicas y asimiladas. Todo ello sin contar con los políticos, ya saben consejeros, viceconsejeros, directores generales, altos cargos, secretarios generales, secretarios generales técnicos, delegados provinciales, alcaldes, concejales
, diputados y un largo etcétera cuyo número se puedes cifrar en varios miles más. Si la población activa andaluza es de menos de cuatro millones, exactamente según la EPA del último trimestre de 2009, de 3.927.500 trabajadores, de los cuales 1.034.000 están parados y 2.893.500 tienen trabajo, ello quiere decir que dos de cada diez empleados en Andalucía están colocados como funcionarios, a los que dificilmente la actual crisis les llevará al paro. Ni Abengoa, ni Endesa, ni Heineken, la mayor empresa andaluza es la Junta. No es de extrañar que en Andalucía (como en el resto de España) la gran mayoría de los jóvenes apueste por "colocarse" de funcionario.
Este 28-F se cumplen treinta años de autonomía. Uno, que también tiene su memoria histórica aunque no esté subvencionada por Zapatero o por Griñán, recuerda las instalaciones del primer gabinete de la Junta, presidido por Rafael Escuredo, en el Pabellón Real del Parque de Maria Luisa. En aquel pequeño edificio, ocupado actualmente por una oficinas del áera de Empleo del Ayuntamiento de Sevilla, se concentraba todo el Gobierno andaluz, ese que, en estos momentos, ocupa el Palacio de San Telmo, Torretriana, la Casa Sundheim, la Casa Rosa y otra veintena de enormes edificios repartidos por toda Sevilla. ¿Y el Parlamento andaluz? Entonces no tenía sede propia y, tras su primera reunión en el Salón de Tapices de los Reales Alcázares, pasó al Palacio de la Audiencia Territorial, y después a la antigua iglesia de San Hermenegildo, hasta que en 1992 se trasladó al Hospital de las Cinco Llagas, donde caben doscientos salones de Tapices del Alcázar. Ustedes se preguntarán ¿es que ha aumentado el número de parlamentarios desde 1980? Rotundamente, no. Siguen siendo 109. Pero ahora cada consejero y cada grupo tiene sus despachos para mayor gloria de la autonomía andaluza.
Que conste que no estoy en contra de que la autonomía haya ido creciendo y consolidándose con los años. Al contrario. Andalucía, igual que Cataluña, Euskadi, Galicia o cualquiera de las otras diecisiete autonomías españolas merece que sus instituciones estén ubicadas en sedes espaciosas y cómodas. Pasados treinta años. la pregunta que nos hacemos muchos es ¿valía la pena tanto gasto, tanto dispendio que no ha salido de otro bolsillo que el de los andaluces? Hay quien lo pone en duda y, en contra de lo que algunos digan, no tiene por qué ser un fascista. Visto lo visto, treinta años de gobiernos monocolor socialistas y de una autonomía casi plena, no han servido para que Andalucía deje de estar a la cola del desarrollo español y europeo.
Por todo ello, este 28-F, todos, y los políticos los primeros, deberíamos hacer un exámen de conciencia y no contentarnos con las autovías, los ordenadores en las escuelas los palacios de la Junta o el Parlamento o los hospitales de referencia. Hay que exigirle a nuestro Gobierno más imaginación y más trabajo, menos sueldos y menos gastos supérfluos. Cuando un pueblo sufre, como estamos nosotros sufriendo actualmente, una crisis que ha dejado a un más millón de andaluces sin ingresos, lo menos que se les puede pedir son soluciones.
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