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Presencia de Sarmiento

Presencia de Sarmiento

Sarmiento es un destino. Sarmiento crea la literatura en un país iletrado. Es un intelectual que escribe y piensa al mismo tiempo que construye aquello que escribe y piensa. En un país de analfabetos y de barbarie crea la modernidad, lo simbólico. Por eso combate el caudillismo, a líderes ensangrentados que explotaban miles de hectáreas con mano de obra gaucha. Hacendados burócratas y al mismo tiempo representantes del pueblo. Una afinidad con los rústicos que sigue embaucando al pueblo. Vive en un territorio embrutecido donde no existe nada: no existe nación, no existe estado, no existe patria. Tulio Halperin Donghi lo definió con precisión al escribir que Sarmiento construyó “una Nación en desierto argentino”. Algo más. Carlos Fuentes aseveró en una entrevista, al responder sobre la literatura argentina: “Ustedes tienen el Facundo y a Borges”.

Sarmiento entiende que no hay patria sin cultura. Es moderno, anti- tradicionalista. Piensa en Europa, en Estados Unidos, en lo universal, en la civilización. Es un creador obsesivo, un obsesivo de la educación pública. Tuvo integridad, tuvo valor, tuvo genio, tuvo imaginación. Como pocos. Eso molestaba y sigue molestando a demagogos, a corruptos, a obsecuentes. La integridad, el valor, el genio, la imaginación.

Sarmiento, que ya había leído a Tocqueville -cronista de la década anterior- como un obstinado precursor presintió a mediados del siglo XIX que el futuro estaba en Estados Unidos y no en Europa. La democracia del norte podía ser contradictoria pero las monarquías no le parecían ni siquiera respetables. Sus reyes le resultaban ineptos y ridículos. Junto a su mirada el ímpetu de Balzac pero el espejo de Fenimore Cooper. Estados Unidos era un país joven, robusto, americano. Muelles, andenes, locomotoras, sirenas de barcos. Entonces queda claro: Franklin y míster Mann.

Como maestro, como periodista, como escritor o como gobernante combatió de manera permanente el atraso moral y social. No podemos dejar de señalar que a diferencia de otros intelectuales, cuyo aporte se limita a lo teórico, Sarmiento era un hombre de acción. Desde cada uno de los puestos que ocupó impulsó muchos de sus proyectos. Recordemos: en sólo seis años de su mandato presidencial (1868-1874) se crearon ochocientas escuelas, de treinta mil alumnos pasaron a cien mil. La Ley de Educación 1420, que establecería la educación pública, obligatoria, gratuita y laica – votada en 1884 bajo la presidencia de Julio A. Roca – tuvo en Sarmiento su ideólogo, su impulsor.

Estimuló el progreso industrial, alentó la mecanización agrícola, extendió la red de ferrocarriles, implantó el telégrafo en todo el país, abrió caminos, postas, impulsó el sistema métrico decimal, promovió la navegación de ríos, proyectó la construcción del puerto de Buenos Aires. En lo cotidiano debemos decir que se multiplicaron los diarios. Ya no se venderán por suscripciones. Se venderán en la calle, da lugar a los primeros quioscos, y a un nuevo oficio que con el tiempo -y gracias a Florencio Sánchez- se llamará canillita. Es entonces que aparecen La Prensa, La Nación, La Capital de Rosario.

Ahora vamos a realizar una rápida mirada, comparar de un breve brochazo una visión del mundo. El 4 de marzo de 1865 Abraham Lincoln jura como presidente su segundo mandato. El 9 de abril se declara la abolición de la esclavitud en Estados Unidos. Richard Wagner estrena Tristán e Isolda. Gregor Mendel finaliza Teoría de la herencia. En 1870 empieza la construcción del Puente de Brooklin. Lucio V. Mansilla publica Una excursión a los indios ranqueles. Se proclama la infalibilidad del papa durante el Primer Concilio Vaticano. En Italia desaparecen los Estados Pontificios. José Martí es desterrado a Isla de Pinos. Francia proclama la III República. Mueren Gustavo Adolfo Bécquer, Charles Dickens, Alejandro Dumas, padre, el Conde de Lautrémont. Benito Pérez Galdós publica su primera novela La Fontana de Oro. Nacen Lenin, Guy de Maupassant, Virginia Bolten. Pasteur: las enfermedades del gusano de seda. Veamos, por último, que ocurre sobre el final del mandato de Sarmiento. En 1874 Alejandro Dumas ingresa a la Academia francesa. Alemania y Grecia firman el tratado de Olimpia. Nace Gerturde Stein, Guglielmo Marconi, Macedonio Fernández, Ernst Cassirer, Joaquín Torres García, Winston Churchill. Smetana comienza su composición Mi patria. Músosrgski estrena Cuadros de una exposición. Emile Zola publica El vientre de París. Se realiza la Primera Exposición impresionista: Monet.

En soledad estudió inglés, en soledad escribió páginas memorables. Sarmiento entre dos fuegos, como señaló con lucidez otro olvidado: Luis Franco. Una vez más: Facundo, Argirópolis, Recuerdos de Provincia, Viajes por Europa, África y América. Algo más. Bajo su presidencia se completó la redacción del Código Civil, obra de Dalmacio Vélez Sársfield. Para una anécdota: Vélez Sarsfield padre de Aurelia Vélez, el gran amor de Sarmiento.

Muchos son los libros valiosos que se escribieron sobre este hombre contradictorio, volcánico, provocador. Voy a recomendar uno: Sarmiento anecdótico de Augusto Belin Sarmiento. Como afirma Narciso Bidayán en el prólogo de la edición de 1961 “…puede ser un precioso libro de lectura escolar, un vademécum esencial para los hombres de gobierno o que aspiren a serlo, un extracto de historia, metódico y seguro, y un álbum de máximas, impresiones y agudezas de observación y estilo”.

Enseñó a leer y a escribir, formuló ideas con formas definitivas, no admitía regalos, recordó que cada uno debía cumplir con su deber, habló de una justicia justa, remarcó la decencia, luchó contra la pedagogía del odio, ensanchó las calles de Buenos Aires.

Escribió para siempre: “La ignorancia es atrevida. / Puede juzgarse el grado de civilización de un pueblo por la posición social de la mujer. / El buen salario, la comida abundante, el buen vestir y la libertad educan a un adulto como la escuela a un niño. / Hombre, pueblo, Nación, Estado, todo: todo está en los humildes bancos de la escuela. / Fui nombrado presidente de la República, y no de mis amigos”.

Dejó escrito un testamento político: “…sin fortuna que nunca codicié, porque era bagaje pesado para la incesante pugna, espero una buena muerte corporal, pues la que me vendrá en política es la que yo esperé y no deseé mejor que dejar por herencia millones en mejores condiciones intelectuales, tranquilizado nuestro país, aseguradas las instituciones y surcado de vías férreas el territorio, como cubierto de vapores los ríos, para que todos participen del festín de la vida, del que yo gocé sólo a hurtadillas”.

Como señaló Leopoldo Lugones, Sarmiento representa “la tentativa lograda de hacer literatura argentina, que es decir patria: puesto que la patria consiste ante todo en la formación de un espíritu nacional cuya exterioridad sensible es el idioma”.

Para finalizar evoquemos estas palabras de un hombre cladividente: “…para tener paz en la República Argentina, para que los montoneros no se levanten, para que no haya vagos, es necesario educar al pueblo en la verdadera democracia, enseñarles a todos lo mismo, para que todos sean iguales… para eso necesitamos hacer de toda la república una escuela”.

Carlos Penelas

Buenos Aires, 11 de septiembre de 2017

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