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Paso a paso, nos vamos al traspaso: el derrotero de los derechos de los trabajadores hacia el abismo

Paso a paso, nos vamos al traspaso: el derrotero de los derechos de los trabajadores hacia el abismo

Hablemos del recontraneoliberalismo, como adjetivación de este retorno del Neoliberalismo que floreció en la década del 90, no tan solo porque este parezca más crudo, sino porque en nuestras pampas, tiene características distintivas de aquel que gobernó en los años 90.

Sin entrar en detalles, aquella versión llegaba mediante el formato (y la traición) del Peronismo, un partido y movimiento político ubicado en las antípodas del pensamiento liberal.

El detalle no es menor, si observamos que la destrucción del Estado de Bienestar que llevó adelante el liberalismo noventista, tuvo algunos frenos, sino en su contenido, al menos en sus consecuencias inmediatas.

Seguramente motivado en compromisos de dirigentes de origen popular y laborista, que aunque traidores a su pertenencia, debieron ser algo más cautelosos con sus bases antes de convertirse al mundo empresario que predicaban los Fukuyamistas. El catálogo de principios liberales que relanzó el Menemismo, incluía la denominación de gasto público a lo que los peronistas habían llamado inversión social, y sus efectos nocivos en sus recientes electores debían ser paliados mientras se desayunaban que el cambio asociado al consenso de Washington no los incluía como beneficiarios.

De manera tal, que el primer paso que fue el desguase del Estado, se realizó mediante retiros voluntarios de sus agentes, que recibieron sumas de dinero a cambio, con lo cual muchos de ellos pasaron de ser estables empleados estatales a frágiles microemprendedores, conchabos que al poco tiempo demostraron su fracaso. Pero ese poco tiempo, significó un tránsito con pendiente reducida.

El Recontraneoliberalismo de última factura, encuentra aquí un aspecto diferencial. Lo que empezó el 10 de Diciembre de 2015, más que pendiente es un abismo.

Como si se tratara del juego de las 7 diferencias, observamos en la imagen del gobierno actual la carencia de cuadros políticos. En efecto, pocos políticos integran la entente gubernamental, esencialmente se trata de una reunión de empresarios, Ceos y gerentes.

El Menemato era el gobierno de un partido popular, colonizado por traidores e infiltrados, con los cuales se propuso favorecer a empresarios.

El Macrismo, es como rezaba el cartel de los viejos boliches, “atendido por sus dueños”.

La ausencia en sus filas de dirigentes políticos y caudillos territoriales abisma la caída, porque nadie tiene el prurito de asumir una traición. Es lo que es. Casi una licitación de gobierno más que una competencia política.

El peronismo histórico, cuya característica fue el laborismo, tuvo su esencia en la consagración del Derecho Obrero, con síntesis jurídica de una realidad que emplazaba al trabajador en el centro de la escena.

El trabajador como sujeto tutelado por el Estado también era consumidor del producto del Capital y con ello se inaugura un espiral, consagrado en una de las veinte verdades del Peronismo, varias veces interrumpido en la historia mediante tanques de los liberales que solo querían espirales para espantar mosquitos.

El peronismo de última factura, conducido por Néstor y Cristina Kirchner, reeditó el círculo económico aunque con algunas diferencias. El Peronismo tuvo su apoteosis primera en el mundo del trabajo con la consagración de los derechos del trabajador, lanzados con efusivas presentaciones legislativas y llevados al rango constitucional en la Carta Magna de 1949.

La destrucción de aquella Constitución por parte de los liberales fusiladores tuvo una supervivencia en la Convención Constituyente del 57: El artículo 14 bis, que mantiene con rango constitucional la protección del trabajo y del trabajador. Esta norma superstite, fue el fruto de la conciencia (o la culpa) de la izquierda liberal de la fusiladora, encarnada en Socialistas de vieja data, convertidos entonces en fantochada, tal el caso de Alfredo L. Palacios y de un grupo liberal, que como versión de liberalismo moderado, trataba de no profundizar los cambios al abismo obrero: Los economistas del Plan Presbich. Uno de sus mentores, Aldo Ferrer, sobrevivió hasta nuestros días, falleciendo recientemente como símbolo de cierre de una etapa de mas de medio siglo.

En la presencia o cercanía de Aldo Ferrer en la etapa del peronismo kirchnerista, puede bucearse el último escenario de los trabajadores y algunas diferencias con el primer peronismo.

Los trabajadores fueron colocados nuevamente en el centro de la escena, y protagonistas del nuevo espiral, trabajo-producción-consumo. Pero esta vez, los trabajadores debieron contentarse con su reaparición en las políticas públicas de generación de empleo, pero no en la legislación.

Si el Peronismo histórico tuvo su épica en la consagración de derechos obreros, el Liberalismo del 90 tuvo su revancha en la derogación de aquellas leyes y la promoción de la proclamada flexibilización laboral, cuya culminación fue el escándalo de la ley Banelco, por parte de la Alianza.

En cambio el kirchnerismo no se distinguió por producción legislativa laboral. Su mayor mérito fue la derogación de la flexibilización, alguna tibia modificación de la ley de Riesgo del Trabajo, que no dejó conforme a nadie y fundamentalmente la creación de nuevos trabajadores, dato no menor, porque se sabe que sin trabajadores es imposible hablar de los derechos de estos.

Pero en cuestión de normas, fue pobre. Solo la Corte Suprema de Justicia de la Nación, logró generar doctrina interpretativa, lo cual produjo modificaciones favorables a los trabajadores, pero se sabe que los jueces no crean Derecho, sino que lo interpretan, y su doctrina tiene una versatilidad que no alcanzan a las leyes. Es decir, es fácilmente modificable por vía de cambio de la Corte, situación que puede entreverse en la nueva integración del Máximo Tribunal.

En materia laboral, el peronismo del siglo XXI, tuvo dos claros impulsos fracasados a los que habría que prestarle atención.

Durante su mejor performance social y económica, allá por el 2011, su último tramo de unión con el movimiento obrero, lo llevó al intento de sancionar una ley que operativizara un principio consagrado en el ya mentado art. 14 bis de la Constitución Nacional, “la participación de los trabajadores en las ganancias de la empresas”, dispositivo constitucional que jamás se había tornado operativo.

Fue la máxima osadía del policlasismo gobernante. Después, como diría Homero Manzi, “en el silencio de su voz, se hizo un dolor de soledad”.

Ya sabemos que aquel proyecto perdió estado parlamentario y que con el discurso inaugural de Cristina Fernández de Kirchner al asumir su nuevo mandato el 10 de Diciembre de 2011, salió de agenda el laborismo dentro de la predica del Frente para la Victoria.

Es también necesario recordar que en ocasión de aquella pieza oratoria, la presidenta cuestionó el derecho de huelga, citando malamente a Sampay, autor de la vieja Constitución Justicialista del 49.

La ruptura con Moyano prontamente se tornó irrecuperable y con ello la esencia del peronismo del Siglo XXI se vio privada de su columna vertebral, no obstante que la bonanza para los trabajadores continuó hasta el final del mandato peronista a fin del 2015.

El otro impulso sobre derecho laboral es de reciente ocurrencia y buscó recomponer, ya como oposición, un acercamiento con el movimiento obrero. Me refiero a la ley antidespido, vetada por el Presidente Macri.

Fue difícil sumar mayoría peronista en un parlamento en plena fragmentación, no obstante fue el espíritu laborista el que intentó la última argamasa del campo popular.

El epílogo es conocido por todos. El antidemocrático veto no movió al movimiento obrero que por traición, defección o despecho, dio la espalda al último intento por sumar derechos a los trabajadores y evitar el abismo liberal que transita esa clase social.

Ante el fracaso, todo preanuncia que el recontraneoliberalismo, después de echar mano a sus viejas recetas de ajuste, reducción del gasto público, enfriamiento de la economía, destrucción del mercado interno y del empleo, intentará retomar sus banderas de destrucción del derecho laboral.

Ya algunos economistas revividos de los 90, que entonces paseaban sus cantaletas por el templo de Bernardo Neustadt, empezaron sus graznidos respecto de la ley de Riesgos de Trabajo, la industria del juicio y otras poco novedosas recetas.

Aquí es importante recuperar lo dicho respecto de la poca producción legislativa del Peronismo-Kirchnerismo.

Dijimos que la recuperación del trabajo en el período 2003-2015, estuvo dado mas en el campo real que en el boletín oficial y en acertadas interpretaciones de la Corte Suprema cuya composición hoy tiene otro signo.

Por tanto, el Recontraneoliberalismo Macrista, para retomar sus recetas flexibilizadores está mirando mas al Palacio de Justicia que al Congreso de la Nación.

Los tribunales Nacionales del trabajo que entienden la mayor parte de los conflictos laborales del país, residen en la Capital Federal, bajo jurisdicción Nacional y compuestos por 80 juzgados de primera instancia y 10 Salas que integran la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo.

Durante los años 90, con sus luces y sombras, representó una barrera importante para el avance flexibilizador.

Poblado mayoritariamente por magistrados de formación clásica en la disciplina del Derecho del Trabajo, cuya nota mas saliente es el principio protectorio en favor de la parte mas débil del vínculo laboral, es decir el trabajador, muchos de sus fallos fueron freno a la furia flexibilizadora y por ello aquel impulso devastador del 90, buscó al Congreso como fuente para destruir al Derecho Obrero, llegando al delito con la compra de parlamentarios, bochorno que contribuyó al final del gobierno Neoliberal de De la Rúa.

Tampoco fue ajeno al proceso, la recordada mayoría automática de la Corte Suprema de entonces, conducida por Nazareno Cruz y el (los) lobo.

Retomando el hilo, hoy el Recontraneoliberalismo intenta terminar con el Fuero del Trabajo.

La situación del Fuero es caótica. Sin recursos, sus 80 juzgados y 10 salas no dan abasto frente a los conflictos a discernir.

A esto debe agregarse la cantidad de vacancias en cada Juzgado acumuladas a lo largo de estos años por jubilación y muerte de sus jueces nunca reemplazados, de manera tal que hay muchos juzgados que funcionan con un juez reemplazante (subrogante) que debe duplicar sus funciones con la imposibilidad funcional que ello implica.

A su vez, gran parte de los jueces que garantizan la vigencia de los derechos de los trabajadores, se encuentran en edad jubilatoria, por lo cual es fácil adivinar que la Justicia del Trabajo se irá despoblando con prisa y sin pausa.

El Ministro de Justicia Garavano ingresó recientemente su proyecto de pase de la Justicia Nacional del Trabajo a la jurisdicción de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires frenada en varias ocasiones en virtud de la recordada Ley Cafiero.

Hasta ahora, los vanos intentos han encontrado resistencia en varios actores, fundamentalmente en los mismos jueces que se resisten a dejar de ser magistrados nacionales para pasar a ser jueces municipales.

Pero el asunto es algo más complejo que la susceptibilidad judicial.

La designación de jueces en el orden nacional, dada la composición del Congreso Nacional, tiene algunos frenos en la admisión de pliegos de personas ajenas al espíritu protectorio de la disciplina. Dicho de otra manera, es más difícil que accedan jueces personeros del espíritu empresario en la justicia nacional que en la municipal.

La justicia de la ciudad Autónoma de Buenos Aires, es un órgano obediente a la legislatura de esta Ciudad, que a su vez es una Escribanía que responde al PRO tanto en intereses como en representaciones ideológicas.

Justo es decir, que las bancas del Frente para la Victoria, han sido frecuentemente señaladas como cómplices del PRO en el territorio.

Sea como sea, la resultante de esta descripción es que los jueces del trabajo que designen en dicha Legislatura Porteña, serán los más alejados a los principios que informan al Derecho del Trabajo, esto es la protección del trabajador como sujeto especialmente tutelado.

Se puede imaginar rápidamente, que el nombramiento de jueces no estará bajo la inspiración de Norberto Centeno, aquel noble jurista laboral que redactó la vigente Ley de Contrato de Trabajo y que fue asesinado por los liberales de la dictadura un 7 de Julio de 1977 y que en conmemoración de la fecha fue instaurado el Día del Abogado Laboralista.

Sin mucha imaginación, se adivina que los nuevos jueces que pueblen la novel jurisdicción porteña, serán más próximos a Santilli, Larreta y Angelici que a los referentes del Derecho de los Trabajadores.

Teniendo en cuenta las vacancias con las que sería transferido el Fuero del Trabajo, tal como señalamos antes, es fácil entrever que los nuevos tribunales municipales serán integrados por letrados ajenos a las garantías de los trabajadores.

Con este escenario, los trabajadores quedarían privados de su último resguardo, los jueces comprometidos con su especial protección.

Si a este panorama le falta algo más desolador, la nueva integración de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, es lo más alejado doctrinariamente del Derecho del Trabajo.

El siglo XX y su desarrollo, dio nacimiento al Derecho Laboral, de la mano inspiradora de los primeros Socialistas, Comunistas y Anarquistas. Alfredo L. Palacios, el Joven, primer diputado socialista de América Latina fue impulsor de la construcción de aquel derecho que llamaban DERECHO NUEVO.

Completaban su impronta otros inolvidables forjadores, no debiéndose omitir al desdichado Enrique del Valle Iberlucea, Senador socialista que fue desaforado por su único delito de adherir a la primer revolución obrera en la Rusia de 1917, abandonado y traicionado por sus compañeros de bancada, muchos de ellos ya reconvertidos en socialdemócratas, adoradores del librecambismo.

Pero sin dudas, los derechos de los trabajadores tuvieron su realidad efectiva con el Peronismo.

Deteriorados por el Neoliberalismo de los 90, son la presa próxima de esta nueva versión antiobrera, el Macrismo, que es probable que combine su acción legislativa con su practica gerencial de arrasar y vaciar instituciones para conseguir la reconversión de una Patria en una factoría al servicio de la Metrópoli

En ocho meses, paso a paso, avanzamos al traspaso y con ello al abismo del que será difícil salir. Es hora de escuchar a nuestras madres y de alguna manera gritar juntos MACRI PARA LA MANO.

Buenos Aires, 8 de Agosto de 2016

Hernán Jaureguiber

Abogado Laboralista

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